Aunque es perfectamente entendible la finalidad que tiene la instalación de sensores y las cámaras de fotomultas, no deja de extrañar el criterio que tienen en ciertas vías para fijar los límites de velocidad.
Mientras en la autopista Norte el límite permitido es 80 km/h, una vía estrecha que en algunos sectores atraviesa barrios y a pocos metros de aceras en las que transitan las personas y con una circulación de grandes, lentos y pesados automotores que parecen andar sin Dios ni ley a través de ella, en la Avenida Distribuidora, que aparentemente tiene mejores especificaciones y diseños (o al menos fue la idea que transmitieron cuando se hizo su construcción) la velocidad en los tres carriles no debe ser mayor a 60 km/h.
Debería existir una explicación clara del porqué de esta situación.
La Secretaría de Tránsito debería considerar también reinvertir los ingresos que obtiene por conceptos de multa en adecuar la infraestructura vial, ya que pese a que el dinero va al presupuesto de las cámaras no deja de causar desazón leer o escuchar declaraciones de trabajadores de la entidad en la cual hacen referencia que muchas veces no hay fondos para señalizar las vías de nuestra ciudad en la que las "señales fantasmas" tienen gran influencia en la accidentalidad.
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