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HISTÓRICO
Lo que el río no se pudo llevar
  • Lo que el río no se pudo llevar | Donaldo Zuluaga | La exposición es la primera que realiza el Museo de Antioquia, con Ana Piedad Jaramillo como directora. La artista eligió la iglesia porque quería para Medellín, un sitio que marcó tanto su investigación, un lugar sagrado y ritual. Los sacerdotes sólo dijeron que ojalá fuera en cuaresma, que es la época del perdón.
    Lo que el río no se pudo llevar | Donaldo Zuluaga | La exposición es la primera que realiza el Museo de Antioquia, con Ana Piedad Jaramillo como directora. La artista eligió la iglesia porque quería para Medellín, un sitio que marcó tanto su investigación, un lugar sagrado y ritual. Los sacerdotes sólo dijeron que ojalá fuera en cuaresma, que es la época del perdón.
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 31 de marzo de 2011

En el agua flotan los recuerdos. Esas prendas que se quedaron esperando a un dueño que nunca más volvió. Objetos que reemplazan sus cuerpos, todos, flotando Río Abajo.

Los cuadros cuelgan de las paredes de la iglesia. Se mueven por el viento o porque alguien, después de mirarlas detenidamente, las soltó. Se mueven como las olas de un río que pasa.

Esas son las obras pequeñas. Las que han viajado por varios municipios del país. Las grandes están sobre el piso, a lado y lado del templo. Pantalones, camisas, bolsos y hasta la chaqueta del mayor Julián Ernesto Guevara, flotan en el agua.

También parecen lápidas. La exposición puede ser muchas cosas. "La idea es que te sientas en un cementerio de cristal", dice la artista.

Érika Diettes estudió Artes Visuales y Comunicación Social, e hizo una maestría en Antropología Social. La fotografía siempre ha estado con ella. Y sus dos proyectos tienen el drama humano como protagonista.

Río Abajo , como se llama la exposición que desde anoche se puede ver en el templo de El Señor de las Misericordias, en Manrique Central, alude a las víctimas de la desaparición forzada.

Fue un año y medio de entrevistas con los familiares y amigos de personas desaparecidas. "Ellos me prestaban un objeto, en su mayoría ropa, y yo viajaba de regreso con ellas a Bogotá, las fotografiaba en el estudio dentro de agua, para representar esta idea de que a muchas de las personas las desaparecen en los cauces".

Quería mostrar ese cambio en el significado del río: siempre había estado relacionado con fuente de vida y progreso, y con la violencia se volvió un lugar adonde se llevan y esconden los muertos.

Sin embargo, la desaparición en el agua trasciende en la obra de Érika y se vuelve metáfora sobre el cuerpo no presente. Desapariciones en general, de las que ella se sabe todas las historias, pero que nunca relata con nombres. "Esta exposición es una manera de aliviar, de que alguien está contando por mí, de una manera segura, mi historia".

El tema del río es entonces el cuerpo no presente, como el duelo que no se logra hacer. "Con la desaparición estás en duelo todo el tiempo, pero no hay un ciclo para cerrar".

Una manera de visibilizar a esos familiares que sufren en silencio, pero también de ponerse en los zapatos del otro.

"Finalmente el duelo nos toca en general. A todos se nos ha muerto alguien en algún momento. Hay algo muy universal en él y es un poco lo más cruel: si es así, ¿por qué somos tan indiferentes?".

Por el río van bajando las prendas. Va bajando una historia, un dolor, la memoria de aquellos que no pudieron volver. El vestido de la niña, el elegante, el rojo, jamás tendrán un cuerpo que sonría con él.