La indiferencia parece la causa más visible, más aparente, para explicar la magra participación de la gente en la manifestación anunciada para el viernes en varias ciudades. Pero hay otro motivo más profundo y vergonzoso: La falta de coraje, de valor, de ganas.
Es probable que les haya faltado a los organizadores una estrategia de motivación y promoción mejor planeada. El facebook es un recurso efectivo para propagar una idea, pero no basta para asegurar el paso a la acción. El respaldo editorial e informativo de los periódicos y noticieros también es muy valioso. Sin embargo, se necesita una chispa de voluntad que empuje a saltar de la virtualidad a la realidad, a diferenciar entre el mundo de la red y el de la calle. Sin esa descarga de fuego interior es imposible salir del ensimismamiento que se parece tanto a la indolencia.
Sentí rabia por las imágenes de Teleantioquia Noticias el mismo día por la noche y por las fotos de EL COLOMBIANO y El Mundo del sábado. Rabia, por la ausencia de los otros y por la propia. ¡Es el colmo, que apenas unas 350 personas hayan ido a protestar contra el secuestro, contra las violencias! Que fue por el día, por la hora, por el calor, porque no se planeó para un domingo, no sirve de excusa. Y cómo se burlarán los autores, determinadores, cómplices y auxiliadores de tantas atrocidades.
Tener coraje es sobreponerse a las circunstancias adversas, indignarse y vencer el miedo, actuar en armonía con la conciencia para sublevarse contra todas las fuerzas que arrebatan la libertad y los derechos fundamentales, ponerle corazón a la vida, oponérseles a todos los obstáculos (como el heroico Odiseo en el viaje mítico a Itaca) y tener presente un ideal como aliento y certidumbre.
La falta de coraje comporta irresponsabilidad. Hoy en día se tiende a exigir todos los derechos e ignorar todos los deberes, a no asumir responsabilidades con entereza, a refugiarse en la presunta culpabilidad de los otros y eludir la autoría individual de los actos u omisiones, a guardar silencio cobarde por miedo hasta en los episodios más triviales, a congeniar por falsa conveniencia con aquello que debería rechazarse, a temer la expresión de la diferencia radical que nos separa de lo inaceptable.
Para que las manifestaciones del viernes fueran tan desoladas lo que faltó fue coraje. Sociedades como la nuestra han vivido influidas por el movimiento pendular entre los extremos de la vehemencia combativa y la diplomacia complaciente, que podría ser el actual. Tan infructuoso puede ser el arrojo estéril como la mesura eufemística, próxima a la indiferencia y la pusilanimidad, que no tolera lo tolerable y tolera lo intolerable. Coraje es lo que falta.
Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
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