La historia se repitió muy ligerito: dos niños que habían sido reportados como desaparecidos resultó que se habían ido de aventura sin pensar en las angustias que les ocasionaron a sus padres.
Hace diez días fueron Juan Daniel León, de 14 años, y John Edwin Álvarez Ramírez, de la misma edad, quienes habían sido reportados como desparecidos desde el 28 de mayo y aparecieron luego en un hogar de paso de Bienestar Familiar de Bogotá 20 días después.
Y ayer fueron los mellizos Santiago y Miguel Ángel Maya Betancourt, quienes no regresaban a su hogar, en el barrio El Limonar I, de Itagüí, desde el pasado martes, lo que tenía a su madre, María Consuelo, sumida en la desesperación.
"Desde ese día no dormía ni podía trabajar. La espalda la tengo dura del estrés, de hacer fuerza y buscarlos", dijo la señora, en la estación de Policía de Itagüí, donde le devolvieron a sus niños, de 9 años, que fueron hallados en la tarde en un establecimiento de juegos en Caldas.
Los niños fueron reportados por el propietario de una sala de billares, quien observó sus fotografías en el periódico Q'hubo, donde doña María Consuelo había denunciado el caso.
Al identificarlos, el comerciante llamó a las autoridades, que de inmediato llegaron al sitio y retuvieron a los dos pequeños y a un tercero que, según la versión de la madre, los había sonsacado para llevárselos de aventura.
"Mis hijos nunca han sido de calle, el otro niño sí y la misma mamá lo reconoce. Él estuvo el mismo martes 23 (cuando desaparecieron) jugando con ellos en mi casa, allá se bañó y hasta mi hijo de 13 años le prestó ropa, pero después se los llevó!, confesó la señora, ahora plenamente feliz de haberse reencontrado con los dos hijos menores, de seis que tiene.
Entrega y asesoría
El teniente coronel Wilson Chaparro Alvarado, comandante del Distrito Sur de Policía, fue el encargado de devolverle a María sus hijos.
"Yo entiendo su dolor y su situación, porque también soy padre de dos gemelos y sé lo que duele. Ahora cuídelos mucho para que no se vuelvan a ir y la Policía está dispuesta a ayudarle en todo lo que necesite", le dijo.
Sus palabras las complementó la sargento Viceprimero Luz Omaira Córdoba, de la Policía de Infancia y Adolescencia, quien les dijo que no vuelvan a proceder así e invitó a la familia a que acuda a su institución para cualquier orientación sicológica en el manejo de la situación.
Los niños hablaron poco. Estaban mal vestidos, con sus ropas muy sucias y solo comentaron que una señora les iba a pegar, "porque estábamos robando pomas".
A la pregunta de dónde durmieron, tampoco respondieron. Con ellos estaba el niño que había huido con ellos, pero su madre no acudió a reclamarlo al instante. Y Miguel Ángel sí fue contundente en una respuesta:
"No, no lo vuelvo a hacer". Luego abrazó a su madre y se puso a llorar.
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