La noche del domingo pasado estaba al cuidado de la redacción de este periódico. A las 7:00 comenzó a sonar insistentemente el teléfono: Amparo, nuestra secretaria, una hormiga rubia que pica en todos lados, me dijo: "Capeto, que hay un ovni por los lados de Belén. Van varias llamadas. Dizque continúa ahí".
Tomé las cosas con calma y bajé al comedor en compañía de Henry Agudelo, jefe de fotografía y avezado reportero. El teléfono seguía sonando. Otra vez, Amparo: "la gente dice que el ovni sigue sobre la 33". Tomé la decisión de inmediato: "Henry, vámonos en mi carro, ¡ya!". Él llamó a su casa, que queda en un edificio contiguo a la iglesia del parque de Belén. Su señora y sus dos hijos le reconfirmaron: la 'extraña nave' con juego de luces seguía posada enfrente de las ventanas y sobre tejados y terrazas. Llegamos muy pronto. La escena: carros parqueados, gente con cámaras de video y fotografía, binóculos, celulares inteligentes. Cruces y esquinas de tráfico colapsado.
En la terraza de su edificio, Henry sacó un poderoso lente de aproximación. Tomó varias fotos y muy pronto sabía cuál era la nave: "es una cometa". Yo, incrédulo, me resistía. "No puede ser. ¿Tanto tiempo en el mismo punto? Necesitaría vientos muy constantes". El fotógrafo sentenció de nuevo "es una cometa".
En la edición electrónica montamos una nota de tres párrafos, y dos fotos que evidenciaban el truco. Luego se supo del pequeño que ingenió, con su tío, aquella cometa luminosa con pilas de reloj y luces led, que ahorran energía.
Aquí es donde quiero cambiarles el tercio, apreciados lectores: esa nota tuvo más de 65.000 mil consultas. Tardé 20 años haciendo periodismo para escribir un texto tan rápidamente leído y polémico. Que si era un ovni, que si no...
Ahora, con este gancho, quiero invitar a los medellinenses y demás lectores a que nos sacudamos de la ola de violencia que nos arrastra. El miércoles asesinaron en Laureles y El Poblado a dos señoras mayores de 60 años. Y a menudo se cometen homicidios por parte de tipos armados que disparan desde sus motos y se pierden en la maraña de carros y calles de la ciudad, sin que nadie los ubique ni los detenga. Matan en la absoluta impunidad.
A esos ovnis es que me refiero, muy en serio. A esos "sujetos voladores no identificados" son los que deben perseguir la Policía, la Fiscalía y los demás organismos de seguridad. Contra esas naves que descargan muerte es que debemos solidarizarnos los ciudadanos. No es posible -haciendo cuentas a ojo de buen cubero- que 2.000 pillos y sicarios sometan al miedo, al robo y al asesinato a 2 millones 500 mil habitantes. ¿Quién sale a las calles a protestar, a hacer trancones y a exigir que el Gobierno y la Policía detengan a esos 'marcianos', a esos 'alienígenas' que quieren exterminarnos?
No nos inquietemos tanto con un niño que nos puso a mirar un cielo de imaginación. Indignémonos con aquellos que nos ponen a mirar los agujeros de las balas y las tumbas.
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