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MÁS IDEAS, MENOS TRINOS

  • ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ | ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ
    ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ | ALBERTO VELÁSQUEZ MARTÍNEZ
22 de mayo de 2012
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Ya no queda duda de que Álvaro Uribe es cabeza de oposición a Santos.

Al mismo personaje que impulsó como Ministro de Defensa para que lo relevara en el cargo que la Corte Constitucional le negó en su segundo intento reeleccionista.

Mas para que la labor fiscalizadora de Uribe sea eficaz y trascienda en el tiempo, es necesario que cuente con un partido sólido y coherente, con eficiente representación en el Congreso.

Que le haga eco a su misión de control político. Que desde las Cámaras propicie debates lúcidos y consecuentes. Y que no se deje seducir por los halagos de las cuotas burocráticas, porque eso desvirtuaría su labor crítica y su proyección como alternativa de poder.

En síntesis, requiere de un partido que lo tenga como jefe y guía.

Ignoramos si la U, a medida que se vaya agotando el calendario del actual mandato, se filará con Uribe Vélez.

No es fácil dar la voltereta de pasar de partido de gobierno a uno de oposición. Desconocemos si a los pocos congresistas que hoy se solidarizan con el expresidente se les irán sumando, con el transcurso del tiempo, y cuando la tómbola de beneficencia se agote, militantes de aquel partido dispuestos a entrar en la poco rentable empresa de oposición política.

Es una actitud arriesgada y los dividendos que a corto plazo se producen son bastante cicateros.

Hay fuerzas conservadoras que podrían aliarse con Uribe al mirarlo con respeto. Saben que sus tesis están muy cerca a su ideario.

Que la concepción del orden que preconiza y practicó en su Gobierno -con inocultable energía- tiene prioridad en sus argumentos.

Orden que constituye la espina dorsal de su doctrina desde el tiempo de sus fundadores.

Pero si las jerarquías azules miran bien con un ojo el liderazgo de Uribe, con el otro no apartan la vista de las viandas de los escasos puestos que le entrega -con riguroso inventario- la mesa de unidad santista.

Se sienten tentados a marchar al lado del expresidente en la oposición, pero indecisos a la hora de la verdad a abandonar aquel avaro festín en donde algunos alimentos los soporizan.

Los ataca la misma duda del ser o no ser.

Uribe en la oposición quiere cumplir con el propósito que hace viable y operable el sistema democrático.

Aspira a romper el unanimismo para darle fuerza y consistencia a un Estado fuerte, con una oposición vigilante que ofrezca opciones distintas para la libre escogencia de la opinión pública.

Aspira a formar una oposición de fuerzas conexas, no ambiguas, como condición necesaria para la vigencia de estados modernos.

Unas contraposiciones y antagonismos que ocupen espacios de discusiones pertinentes, en vez de la vía del twitter.

Los trinos no son los más adecuados -ya que en ellos prima más la emoción y la pasión que la reflexión- para que los verdaderos líderes sostengan debates y alegatos en donde los argumentos convincentes y motivados sean el resultado del pensamiento creador y del verdadero y útil servicio al país.

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