Solo un frustrado intento de hurto o una equivocación, podrían explicar el despliegue del ataque sicarial que le costó la vida en la noche del pasado martes a Édgar Armando Osorio Castaño, de 26 años.
Los hechos ocurrieron pasadas las 10:00 de la noche en la carrera 45 con calle 39, en el barrio Las Palmas y cerca al sector de San Diego.
A esa hora, Édgar se desplazaba por el sector hacia la vía Las Palmas, conduciendo una camioneta Chevrolet Captiva, último modelo y provista de blindaje tipo tres, que protege de tiros de pistola 9 milímetros.
Según las primeras investigaciones, el vehículo fue interceptado por al menos dos motocicletas, desde las cuales los parrilleros comenzaron a disparar. Hubo persecución por varias cuadras, e incluso, por las pistas recogidas en la escena del crimen, Édgar intentó defenderse utilizando el vehículo como escudo.
Testigos afirmaron que un tercer vehículo, un automóvil, se interpuso en la huida desesperada de Édgar y desde el interior también dispararon.
Todo esto aparece reseñado en los informes de las autoridades tomados en la escena del crimen, de la cual recogieron más de una decena de vainillas de calibre 9 milímetros y 5.56, lo que indica en primera instancia que los asesinos utilizaron un fusil.
El vehículo, sin control del conductor, terminó estrellado contra un andén en la zona donde uno de los sicarios disparó de cerca contra la humanidad de Édgar. El blindaje fue inútil para contener la ferocidad del ataque.
La camioneta, con placas de Pereira, terminó con múltiples hoyos en ventanas y en la carrocería. La víctima, sin posibilidad de defensa, murió frente a la cabrilla.
El grupo de sicarios huyó rápidamente del sitio, al que en minutos llegaron varias patrullas de la Policía e investigadores que se vieron frente a un ataque poco usual.
Tras algunas investigaciones previas, se pudo establecer que la víctima era residente en el barrio Campo Valdés, pero también que el ataque, es muy probable, se trate de una equivocación.
Édgar era el mecánico de la camioneta atacada, que a esa hora iba a regresarle el vehículo a su dueño.
“A mi muchacho le gustaban las motos, los carros, la mecánica, era un apasionado. No tenía hijos, pero sí a su mamá, por la que se desvivía. Desde muy pequeño siempre le gustó la mecánica. Fue masacrado con violencia, lo que yo le pido a las autoridades es que se esclarezca”, dice William, el padre de Édgar.
Ahora se investiga si los asesinos estaban en busca del dueño del vehículo, o si su objetivo era Édgar, y si es así, determinar el por qué.
Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9