x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Suscríbete Suscríbete

Mi papá es el rey de la tagua

ARTESANO, ESCULTOR, PINTOR, poeta, ensayista y docente, Iván Graciano Morelo cultiva la cultura de su natal región de Urabá y de paso el reinado de una planta mística, de marfil, otrora próspera y hoy amenazada tanto por la tala como por el olvido.

  • Mi papá es el rey de la tagua | Jaime Pérez | Iván Graciano Morelo destaca la producción artesanal a partir de tagua cultivada en Ecuador y señala que le gustaría ir al país vecino para conocer las aplicaciones que allí existen para esa palma a la cual él atribuye un sentido místico. Además de Urabá, la tagua se aprecia en Panamá.
    Mi papá es el rey de la tagua | Jaime Pérez | Iván Graciano Morelo destaca la producción artesanal a partir de tagua cultivada en Ecuador y señala que le gustaría ir al país vecino para conocer las aplicaciones que allí existen para esa palma a la cual él atribuye un sentido místico. Además de Urabá, la tagua se aprecia en Panamá.
26 de mayo de 2011
bookmark

La flor de tagua parece una mapaná, muy temida por quienes conocen las selvas de Urabá. Cuando tenía 13 años, Iván Graciano Morelo vio por primera vez aquello en compañía de su tío. Desde entonces, como si lo hubiera mordido esa falsa serpiente que se descolgaba de lo alto de una palma macho para beber agua de una charca, no se cura de una particular obsesión por esa planta.

Hoy Iván es un artesano que trabaja con la semilla de la tagua y enseña cómo dar forma a lo que él denomina el marfil vegetal. Con estos pequeños cocos de particular dureza, elabora gran variedad de motivos. En su propia casa dirige un sencillo taller donde por igual niños y ancianos conocen la tagua y de paso a su especial maestro.

Aquella vez que en la selva conoció la palma de tagua, estando en Chigorodó, Iván, que seguía los pasos de su tío para avistar aves, tenía mucha sed, según recuerda.

-Como allá no se puede beber de cualquier parte, mi tío me dijo que encontraríamos una tagua para tomar agua de sus frutos.

Después de mucho buscar, porque ya no abundan, encontraron la palma hembra y un corte de machete hizo brotar de las protuberancias, que nunca habría valorado como alimento, el agua para calmar la sed esa tarde, pero para iniciar otra que duraría toda la vida.

El rey de la tagua
"Mi papá es el rey de la tagua". La inscripción azul, con letras redondeadas, acompañada de un muñeco con lo que debe ser una corona, se lee en un tablero acrílico junto a una ventana en el patio de la casa, que sirve de taller.

-Yo cuento esta historia -dice con total autoridad Yajaira Morelo, de siete años y asombrosa precocidad en el mando.

-Es signo tagua -explica el padre y deja seguir a la niña, nerviosa ahora ante la atención de los adultos.

-Es que un señor hace mucho tiempo era el rey de la tagua, y yo digo que ahora el rey es mi papá.

El cabello negro lacio le cubre en parte el rostro. Se queda quieta hasta que la risa rompe el silencio y la pose.

Según complementa Morelo, Eusebio Campillo, a principios del siglo XX ostentó ese título de nobleza que ahora le atribuye su hija.

Compraba gran parte de la tagua que se explotaba en la región y la comercializaba hacia Europa, donde llegó a ser muy preciada para elaborar collares y aretes, además de anillos y artesanías variadas hasta que fue reemplazado por materiales sintéticos y la siembra se cambió por la del banano.

Hasta su finca en Juradó, llegaban canoas cargadas con las semillas en los albores de esta economía de artesanos. En aquel tiempo -cuentan- muchos hombres murieron por las mordeduras de serpientes.

-Mi padre fue curador de culebras -señala Morelo-. Cuenta que así se conocía al conocedor de plantas medicinales buenas para tratar la mordedura de serpientes.

-En la selva de cemento, lo mismo pasa con los acreedores, otra clase de culebras -añade Joaquín Murillo, maestro de pintura que se encuentra ese día en el taller.

Para niños y viejos
-Hay niños que no conocen la tagua -dice Morelo, preocupado porque al paso que avanza la tala en la región puede que muchos no tengan la oportunidad de Yajaira, que aburrida en la ciudad pide con frecuencia ir a Urabá, donde se siente libre. En Chigorodó, el heredero de un reinado casi extinto, cultiva con sus amigos la palma para que otros la puedan conocer.

Hace poco plantaron un tagual en el Instituto Agrícola de Urabá, donde esperan que cobren vida semillas de memoria, pero habrá que esperar cinco años para que comiencen a dar frutos.

Contrastando con Yajaira, Otoniel, próximo a cumplir 79 años y que nunca se habría interesado por la tagua, de no ser por Iván, trabaja con paciencia las pétreas semillas en el taller. Todavía tiene pulso para elaborar copas, llaveros y otras artesanías.

Mamá negra
-De raíz... que llegó la negra de la cosa más blanca y empolvada de este país.

Así comienza el pregón de Mamá Negra, un personaje que Morelo creó para la enseñanza, inspirado en una mujer del Chocó, vendedora de gelatina blanca que tiene un particular acerbo cultural.

Caracterizado como Mamá Negra, difunde sucesos de la región y armado de un manduco -pequeño garrote que las lavanderas usan para despercudir la ropa en el río- propone cambios en actitudes como la violencia o la desidia de algunos para el estudio.

-Comadre, comadre, ¿cómo te parece que en la parte de arriba unos hombres repartieron por las casas unos papeles dizque con amenazas? A todos ellos los vamos a manduquear. -Con los brazos rodea a la pequeña Yajaira de encantadora sonrisa, que sostiene el manduco-. Manduco va, manduco viene, van cantando con el ritmo transmitido en los genes.

Y es que como la tagua que sirve para la creación de variados objetos, Iván Graciano Morelo se expresa de diversas maneras, siempre procurando aportar a la conservación de los valores culturales de su tierra.

Su trabajo como docente de ética y lengua castellana en la I.E. Bernardo Arango Macías, de La Estrella, contagiado de trópico, le ha valido reconocimientos como el Premio Departamental de Artes Plásticas en 2007 y el de Mejor Maestro del departamento en 2009.

Dirige la microrevista literaria, La Tagua, donde recoge la producción de autores muy cercanos a él, la mayoría de ellos de su región. Este año ha sido invitado al Festival Internacional de Poesía, ya tradicional en Medellín.

Además lidera una red de periódicos escolares en la cual jóvenes del área metropolitana interactúan con otros de la región de Urabá alrededor de su entorno escolar y cultural.

Te puede interesar

¿Buscando trabajo?
Crea y registra tu hoja de vida.

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD