La imagen tantas veces repetida de un río cuyas aguas se tiñen de distintos colores no parece mover a las autoridades a investigar e imponer sanciones, en forma ejemplar.
Muchas veces hemos visto el río de color rojo marrón, otras azuloso y también con una espuma blancuzca que habla de diversos procesos industriales que están vertiendo sus desechos al río, pero pocas veces hemos escuchado de que se hayan impuesto multas y comparendos ambientales.
En el caso más reciente, cuando el afluente que cruza el Valle de Aburrá presentó durante varios días tonalidades distintas se conoció un pronunciamiento de Corantioquia anunciando que ya había sido identificada una tintorería, en La Estrella, que estaba haciendo vertimientos continuos al río.
Otras dos empresas en el sur del Valle de Aburrá, vinculadas a otros procesos industriales diferentes están siendo investigadas. Lo importante es que esta vez sí, tras cinco vertimientos, por lo menos hay identificados posibles responsables y se están allegando las pruebas técnicas de rigor para establecer las sanciones.
El Área Metropolitana tiene que hacer valer su condición de autoridad ambiental para que, con medidas ejemplarizantes, estas acciones no vuelvan a repetirse. No importa tanto el color del río, pero esas tonalidades son la muestra de que el río sigue siendo la cloaca de desechos industriales y residenciales, pese a todos los propósitos, campañas y recursos invertidos.
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