Abril de 2000. Son las siete de la noche y estoy parado en una esquina de la calle principal de Uribe, Meta. Acabo de enviar una crónica describiendo este pueblo frío y silencioso ocupado por las Farc, en plena vigencia de la zona de distensión. A la salida de la telefónica me encuentro con alias "Rolando". Guerrillero bajito, macizo y de rostro aindiado. Guajiro. Está entre los jefes del cuerpo élite de la guerrilla.
Mientras me describe los ataques de las Farc en Las Delicias y El Billar, no puede ocultar su respeto y admiración por la sagacidad y la temeridad del máximo jefe militar del grupo insurgente: el "Mono Jojoy".
En El Billar, muy pronto la guerrilla recibió información de que un batallón de 153 soldados profesionales (escogidos entre los más destacados del país) remontaba las aguas del río Caguán. Las Farc enviaron a falsos informantes que, pueblo tras pueblo, hicieron creer a los militares que tenían muy cerca al "Mono Jojoy".
El paso siguiente fue dejar interceptar sus comunicaciones y soltar mensajes sugestivos: "cuiden al Mono, repliéguense", se oía por los radios. "Eran soldados de los mejores y el 'Mono' dijo hay que dejarlos creer que nos escabullimos y que nos pisan los talones". Los provocaba.
La tropa mordió el anzuelo y Jojoy ordenó abrir un boquete para que el batallón penetrara sus líneas. "Después me mandó -dice "Rolando"- 300 hombres. Doblamos su poder de fuego, los acorralamos con fusilería cruzada y el resto, periodista, es historia".
Ese era "Jojoy". Además de frío y sanguinario, un hombre con esa extraña malicia que algunos colombianos ostentan para el mal y la destrucción. Se hizo desde abajo en las filas guerrilleras y era un dolor de cabeza para sus enemigos.
En varias entrevistas y charlas que tuve con jefes paramilitares que tenían una idea militar muy clara sobre la subversión, el nombre de "Jojoy" aparecía como un fantasma. Carlos Castaño y alias Doblecero (el estratega militar de los 'paras') sabían que Jojoy era un trofeo difícil de alcanzar: "es escurridizo, mañoso y sereno. La guerra no lo descompone y reacciona con habilidad ante situaciones de desventaja militar".
Por esos años, tratando de entender a quienes combaten en nuestro conflicto y desentrañando la compleja racionalidad de los militares, hablé con dos coroneles del Ejército, brillantes, responsables de parte de los éxitos y de los golpes a las Farc hoy. Me dijeron lo mismo: "tiene mando y sabe los rudimentos de la guerra, es un bandido tremendo como los que da este país. Pero vamos por él".
En 2001 me lo tropecé en una carretera destapada de la zona de distensión: vanidoso, con su humor negro y mandando. Hablamos, pero no quiso darme una entrevista formal. Me dijo, muy seco, "yo lo llamo, paisa". Anteayer acabó esa cacería que el mismo Jojoy creía imposible. Su violencia y su "leyenda" terminaron.
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