Solo un milagro pudo haber logrado que Nora Sandigo consiguiera trabajo hace 30 años en Estados Unidos, a pocos días de haber llegado sola, asustada y sin saber inglés a ese país, en condición de exiliada de una Nicaragua en guerra.
Su gratitud con Michael y Virginia, sus empleadores en esa época y hoy amigos del alma, la llevó a trazar su sueño en cuestión de días. Corría 1988 cuando nació Fraternidad Americana, fundación con la que hoy Nora apadrina a 817 hijos de inmigrantes ilegales que han sido deportados.
Esa es su forma, dice, de devolver los favores recibidos y canalizar sus deseos de servir. Los pequeños, que tuvieron que ver partir a sus padres a sus países de origen y acoplarse a las reglas de la primera potencia mundial, ven en Nora una "mamá" que todo lo puede.
Y es que la nicaragüense de 48 años es hoy la solución más popular de Miami a un problema creciente en la ley de inmigración que afecta a lo que el gobierno denomina "familias de estatus mixto."
Una cuarta parte de las personas deportadas de Estados Unidos dicen que son los padres de menores de edad que son ciudadanos, lo que significa que más de 100.000 niños estadounidenses pierden un padre cada año a causa de la deportación. Muchos de ellos abandonan el país con sus padres y otros buscan representantes y ciudadanos estadounidenses que, como Sandigo, protejan sus intereses legales en E.U.
Nora lo hace como voluntaria y, muchas veces, a sus propias expensas porque se considera capaz de proporcionar una red de seguridad para los 812 niños y, entre otras razones, porque nadie más lo hace. El gobierno federal no hace un seguimiento de lo que sucede a los hijos de padres deportados.
¿Qué encuentran los niños que llegan a su casa?
"Un hogar. Calor humano, quien los mime, quien los entienda, escuche y abrace. El mejor aporte de nosotros no son las donaciones materiales, es el apoyo moral y emocional para evitar que haya daños psicológicos en el futuro. Les ayudamos a orientarse en la vida".
¿El Gobierno de E.U. ha intentado quitarle los niños?
El Gobierno no puede quitarme el derecho de que los niños estén con nosotros porque no es una decisión de ellos ni una petición de Nora. Es una decisión de los padres de familia, que quieren asegurarse de que si algo les pasa, si los deportan, los niños estén conmigo y no caigan en malas manos".
¿Hasta cuándo pueden estar los niños en su fundación?
"Cuando tienen 18 años los orientamos para que busquen ser productivos, que sepan que están preparados para enfrentar la vida. Les ayudamos a conseguir permisos y recursos para que asistan a la Universidad. Cesia, por ejemplo, llegó aquí de 18 meses y ya está estudiando Medicina en la universidad".
¿Cuál es su sueño con la fundación?
"Que perdure en el tiempo, que no dependa de mi existencia. Que no pierda su esencia de servicio y amor".
¿Qué es lo más lindo que le han dicho los niños?
"Muchas palabras me han hecho suspirar: "Eres mi mamá". "Norita te quiero". "Ya no tengo miedo porque tu estás aquí".
¿Cuál es su próxima meta?
"Tocar el corazón del presidente Barack Obama y del Congreso. Que logren parar las deportaciones y redadas y que haya la suficiente presión para que el Congreso pueda aprobar una reforma migratoria".
¿Qué piensa del drama de los miles de niños de Centroamérica que llegan a la frontera de México con E.U. buscando refugio?
"Todo niño, no importa lugar y origen, merece una oportunidad y merece ser escuchado. Tiene el derecho de ser protegido, más en este país que tanto se jacta de proteger los derechos humanos y las injusticias en el mundo. A esos niños les deben reconocer sus derechos procesales y la oportunidad de aplicar a ser refugiados. Que a cada niño lo vea un juez y que se atienda caso por caso".
¿Cómo ve el camino para llegar a una reforma migratoria?
"Estamos cuesta arriba. Vamos a lograr sensibilizar el corazón de los políticos. El reto es llegar a cada ciudadano que se opone al proceso legal de reforma, y que el Presidente cumpla su promesa. Este es el momento para que Barack Obama demuestre que su palabra vale.
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