Tuvieron tal vez que esquivar las balas y los fusiles. O pasar años de penurias en otro país como China, donde estuvieron vulnerables y expuestos a delincuentes. Lo cierto es que miles de refugiados norcoreanos que llegan por fin al vecino del sur tienen que pasar por una especie de aprendizaje (o incluso adoctrinamiento) durante meses, antes de que puedan ser aceptados en dicha sociedad.
A cualquiera le podría parecer que se está en el norte y no en el sur. En cualquier caso, lo que ocurre en el centro de seguridad de Hanawon parece un puñado de escenas de un relato kafkiano. Sus protagonistas cambian su forma de ver la realidad en poco tiempo.
"Todo lo que aprendía en Hanawon era desconocido y nuevo, pero ahora siento que he descubierto cómo vivir la vida real y no la que nos imponen en Corea del Norte", dijo a Efe una disidente de 22 años, de apellido Lee, que salió de la institución en 2013.
La democracia del sur combate de algún modo esos años reiterados de aislamiento y propaganda comunista que sufren los ciudadanos norcoreanos, para prepararlos a entrar a una de las sociedades más competitivas del mundo.
El cambio es radical, pero la lucha por haber llegado allí, para esos desertores, es larga y penosa. Solo dentro de Corea del Norte se requiere permisos especiales para poder viajar entre regiones. Esto implica que muchos de los migrantes se exponen a persecución y castigos del régimen. Mucho más los varones, quienes emigran en menor cantidad por estar sujetos a 13 años de obligatorio servicio militar.
De ahí, la puerta más común rumbo a una nueva vida es China, país al que llegan cruzando los ríos Yalu y Tumen. En el gigante asiático permanecen en condiciones precarias, donde viven a diario con el miedo a ser deportados y entre abusos cometidos por las mafias que se lucran de ellos, como violaciones o trabajos forzados.
"En China es cada vez más difícil. Hubo un periodo en el que hubo cierta apertura en la frontera, durante el mandato de Kim Jong-il. Gran cantidad de gente pudo salir. Hoy en día ha vuelto el régimen de represión y es cada vez más difícil migrar. Además, hay que sumar que China ya no quiere recibir refugiados y son muy sensibles con el tema de las minorías, no quieren tener problemas con grupos étnicos. La situación para los emigrantes norcoreanos es cada vez más difícil", dijo a este diario Mauricio Jaramillo, docente de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
Con todo, desde China es común que dichos refugiados busquen un tercer país para pedir asilo de Corea del Sur. "Pasé siete años hasta llegar a Tailandia, donde pedí asilo en la embajada surcoreana", relató Mimi Park, de 24 años a Efe.
Por esas penurias sufridas en territorio chino, cuando llegan a Corea del Sur o bien ya tienen noción de la vida en un mundo capitalista, o tienen que ser tratados por estrés postraumático, entre otros trastornos. Un ejemplo de esto es que muchos norcoreanos califican la estadía en Hanawon como "larga y aburrida", tal como Park, mientras que otros ven la acogida como una bendición.
Corea del Sur desconfía
Tras una larga travesía los refugiados llegan al país vecino. Recorrieron miles de kilómetros para volver cerca, a una zona que desde 1950 está separada por el rencor y el paralelo 38.
Apenas tocan tierra en suelo surcoreano están bajo sospecha de ser espías del régimen comunista, y pasan por una serie de filtros que los servicios de inteligencia del país tienen para detectarlos. Solo así han completado por fin su sueño de meses y años.
Entonces llegan a Hanawon, centro ubicado en la zona campestre de Anseong, en la región de Gyeonggi, a cien kilómetros de la capital, Seúl. Este tiene toda la apariencia de un internado, apartado entre montañas, donde Corea del Sur espera que los refugiados olviden todas y cada una de las consignas que el régimen de los Kim usó para lavarle el cerebro a los ahora inmigrantes.
Allí 347 internos empiezan a saber las verdades y mentiras de la propaganda del país del que huyeron. De esos 347.276 son mujeres y 71 son hombres. Desmontar mitos es solo una de las tareas, porque el centro se dedica también a ayudar en la adaptación de los norcoreanos a un nuevo mundo, por décadas desconocido para ellos.
Hermanos pero extraños
"Una vez, le dije a un grupo de desertores de Corea del Norte que aquellos que sufrían de estrés eran los que venían a consultas. Entonces me preguntaron "doctor, nosotros no tenemos aún el estrés, ¿dónde lo conseguimos?" Debido a esa desconocida palabra, los norcoreanos creen que ese es uno de los beneficios que les puede dar el centro de Hanawon", relató a la publicación local DailyNK, Jeon Jin Yong, psiquiatra que trabajó en dicho lugar.
"También tuve que explicar términos en ingles como X-Ray (rayos X) y coloquialismos surcoreanos para expresar dolor de distintas formas", agregó Jeon.
¿Cómo se explica tal diferencia, abismal entre los ciudadanos de las dos naciones? Jaramillo y Jeon respondieron.
"Los ciudadanos de Corea del Norte son particulares. Viven en un estado de restricción permanente, con un contacto al mundo casi nulo. Los que viven afuera tienden a ser comunidades unidas, solo en China hay 4 millones de refugiados norcoreanos. Esto se podría volver en un problema para el gigante asiático. Todo genera una cultura de ghetto, y hace que su adaptación no sea fácil", dijo Jaramillo.
"Cuando veo a los desertores norcoreanos, me doy cuenta que han vivido en una cultura diferente, con signos diferentes, por mucho tiempo. Eso es algo que no se puede cambiar en un periodo tan corto aún si somos de la misma raza. Eso podría devenir en caos si la unificación llegara", aseveró Jeon.
Tal como estima el psiquiatra, que vivió durante años y de primera mano esas diferencias latentes entre las dos Coreas, la política no es la excepción y expresa por qué estos centros de "aprendizaje" son necesarios para esos hermanos lejanos y aparentemente contrarios que llegan a suelo surcoreano.
"Actualmente hay que tener en cuenta la llegada de Kim Jong-un y que eso derivó en mayor hostilidad con Corea del Sur. Este se encargó de revivir lo del enemigo externo refiriéndose al vecino y por supuesto a E.U. Otro factor es la elección de Park Geun-hye como presidenta surcoreana (hija del difunto dictador Park Chung-hee). Esos dos hechos evidencian la forma en que la ideología se imprime desde ambos Estados. Por todo eso se interpreta que las posibilidades de reconciliación son remotas", aseguró Jaramillo.
Ideologías contra el vecino
Las divisiones son cada vez más marcadas en naciones convencidas de que tienen un sistema más razonable que el enemigo.
"Hay que tener en cuenta que el régimen en Corea del Norte maneja la doctrina Juche, que es la de la autarquía, la del Estado que todo lo puede, con autonomía absoluta. Eso es algo muy alejado de lo que pasa en el resto del mundo. Por tanto se explica esa brecha que hay entre la forma en que los ciudadanos norcoreanos ven el mundo y la forma en que aquellos que salen se encuentran con una realidad distinta", agregó.
Si bien en Corea del Norte está claro el nivel de represión y censura por ideología, ¿es posible que Corea del Sur tenga prácticas similares, más teniendo en cuenta esta especie de adoctrinamiento capitalista que ocurre en Hanawon?
"En el caso de Corea del Sur es más difícil determinarlo porque estamos ante una democracia a la usanza de las occidentales, con división de poderes y elecciones. Es probable que eso haya ocurrido en el pasado contra el comunismo y en contextos de guerra fría, pero ya en posguerra Corea del Sur tiene pluralidad y libertad de expresión", afirmó Jaramillo.
Por su parte, Ralf Leiteritz, docente e investigador del Centro de Estudios Políticos e Internacionales de la Universidad del Rosario, quien realizó estudios de postgrado en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Yonsei (Seúl), difiere de Jaramillo, pero no porque crea que no haya democracia en Corea del Sur.
"Si Corea del Norte tiene una ideología comunista predominante, que reitera en la propaganda y en las consignas en contra de sus enemigos, podríamos decir que Corea del Sur tiene una contraideología, por la cual justifica el Estado y el sistema democrático frente a los defectos que ve del país vecino", aseveró.
"Esa división histórica y creciente entre las dos Coreas se ve plasmada en la política de ambos países. No se puede entender cada Estado sin mencionar al vecino. La actualidad de ambas naciones lo demuestra", añadió.
En cuanto al centro de Hanawon, en medio de todo está la intención de ignorar al menos los rencores con el hermano del norte, y centrarse en seres humanos que no tuvieron la culpa de ser obligados en su momento a apoyar la tiranía.
Por esto la ayuda para la reinserción de los norcoreanos no acaba en Hanawon, sino que permanecerá ya en las calles surcoreanas. El gobierno del país que los acoge destina 7.000 dólares para su asentamiento y los ayuda a encontrar trabajo y vivienda.
Décadas de odios, de ideologías y diferencias se enfrentan al centro de Hanawon. Un testimonio de que puede haber luces de reconciliación allí.
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