No hay duda, está entre los grandes atletas de la historia. Se llama Edson Arantes Do Nascimento, Pelé. Cumple 69 años el próximo 23 de octubre. Figura, según los gustos y la discusión (ya bizantina), entre los dos mejores futbolistas de todos los tiempos, junto a Diego Armando Maradona, El Diego de la gente.
Ayer, en España, Pelé volvió a meterle el afiler por debajo de la uña del dedo gordo del pie a Maradona: "no pateaba bien con la derecha y no hacía gol de cabeza. El único gol de cabeza importante que marcó fue con la mano".
Ha sido excesivamente ácido, y creo que desobligante, ahora y siempre, para referirse a su competidor directo por el trono del rey del fútbol de todos los tiempos.
Debería dejar que esa discusión la zanjen los técnicos, los jugadores, los analistas, las encuestas y los hinchas que aman ese deporte "por el que pasa la vida entera". Pero no le queda bien a Pelé ensalzarse tanto. Ya el Comité Olímpico Internacional lo encumbró a la categoría de mejor atleta del siglo, en 1999. Y la FIFA lo declaró, en diciembre del 2000, el Futbolista del Siglo.
Pero no le bastan a Pelé los créditos que le da la historia. Siempre tiene que abrir su bocota para denigrar de otro muchacho genial, no por las estadísticas, que suelen ser engañosas y que le gustan tanto a O Rey , sino por la estética plena de la pierna zurda (¿guante?) que le alcanzó a Maradona para llegar a la cima del planeta fútbol.
Pelé dice amar el fútbol, pero no respeta a sus colegas. Podríamos recomendarle que lea las biografías de Maradona, para que sepa que desde niño no hubo otra cosa en su vida que un balón:
Su tío, al que llamaba Chitoro, le regaló el primer balón de fútbol. Apenas un chico de años, El Diego dejó ir la pelota a las cañerías que inundaban los bajos de las casas de Fiorito, la villa miseria donde vivía. Por no perder aquella pelota terminó nadando en la mierda y al borde de ahogarse fue rescatado.
Lo que pasa es que Pelé no suele hablar tan bien como jugaba ni es, a mi juicio, tan admirable como él mismo se autoproclama. Bien decía Nietzsche que debemos desconfiar de la gente pintoresca.
La vida de Maradona está plagada de yerros, desmanes y drogas, con todo lo que ello hace tambalear su categoría de ídolo, pero la de Pelé no es gran cosa. Su hijo Edinho (¡vaya paradoja!) terminó metido en líos de drogas y tráfico callejero de estupefacientes. Pero eso no es lo peor:
Lo detestable es que Pelé, con su poder y su aura, siempre ha sido un arrodillado del poder de esa gran mafia que es la FIFA. Lamesuelas de Havelange y Blatter. Con su imagen de comodín de la banca trasnacional, con sus comerciales de negrito apoltronado. Figurín de bolsillo del consumo más neoliberal. A que no adivinan dónde estaba Pelé ayer, cuando se le ocurrió hablar mal de Maradona por enésima vez: "en un acto organizado por el Banco Santander", decía el cable. ¡Qué coincidencia tan patética!
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