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Por fin, maestro Vargas Llosa

La palabra justicia adquiere una nueva dimensión, o significado si se quiere, con el anuncio del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa. La Academia le puso fin a un deseo: conceder el galardón a un intelectual en el sentido más amplio del término. Un aplauso, en español, maestro.

07 de octubre de 2010
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Por su "cartografía de las estructuras del poder y aceradas imágenes de la resistencia, la rebelión y la derrota del individuo", el mundo de las letras, y, específicamente la Academia Sueca, hizo justicia con Mario Vargas Llosa. Ayer, a las seis de la mañana, el peruano se quitó de encima el título de "eterno candidato", para vestir los merecidos honores del Premio Nobel de Literatura.

Y con esa decisión se terminaron dos largas décadas en las que los 550 millones de hablantes de español en el mundo esperábamos con alborozo el anuncio anual de la Academia. Desde el mexicano Octavio Paz, en 1990, no se pronunciaba el nombre de un ganador en español.

Al fin, maestro Vargas Llosa. El mundo que ya conoce sus letras, interesadas en el devenir político del continente, como lo ha manifestado en La fiesta del chivo, Conversación en la catedral o La ciudad y los perros, hoy celebra este reconocimiento.

Y también, los lectores que se han apasionado con su obra y admiran su manejo depurado y exquisito del idioma español, su acertada y, por qué no, emocionante puntuación, y su versatilidad. Esa que lo lleva a abandonar en un texto la política o los escarceos de algún dictador, para fundirse en los laberintos insondables y misteriosos del erotismo.

El merecimiento le llega al escritor en un momento justo: el de la madurez del cuerpo, las ideas y las letras. No exageramos al asegurar que Vargas Llosa, columnista quincenal de Generación, nuestro suplemento cultural de los domingos, es una de las voces más contemporáneas y necesarias en el escenario de la política actual.

Con la misma certidumbre comenta sobre la situación de derechos humanos en su país, o sobre el panorama de las fuerzas de derecha e izquierda en América Latina, o analiza la actual situación de Oriente Medio. Una visión global, propia de los intelectuales modernos, interesados por conocer y comprender aquello que ocurre a su alrededor y cómo los afecta.

Hay en él una fuerza natural que lo lleva a erigirse, para algunos desde una posición muy conservadora, como defensor de la democracia. Dicho en sus propias palabras: "Voy a seguir defendiendo las ideas que tengo... A la defensa de la democracia, la defensa de la libertad, la defensa de la opción liberal, las críticas a toda forma de autoritarismo".

La magia del español o de compartir fronteras nos obliga, sin modestia, a sentir un poco nuestro el premio al autor peruano. Bien por el idioma o bien porque sus obras están construidas con el ADN del boom que distingue a nuestro Nobel Gabriel García Márquez.

Por fin, maestro Vargas Llosa. El Nobel es suyo.

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