Dos hechos lamentables ocurridos el último año, la muerte del padre Gustavo Vélez (Calixto) y del joven Cristian Caro, sumados a los inconvenientes climáticos que ocurren con la extrema sequía y los incendios, obligan a una revisión rigurosa de la forma como se está haciendo uso de las reservas forestales del Valle de Aburrá.
El desarrollo urbanístico de otrora zonas de bosque y la necesidad de comunicación terrestre en este valle conurbado ha despertado también el interés de mucha gente por los llamados paseos ecológicos y el espíritu de conservación ambiental ha vuelto al escenario de las discusiones públicas como política de Estado.
Sin embargo, la laxitud existente en muchos Planes de Ordenamiento Territorial municipales, POT, han permitido el uso y el abuso de las zonas de reserva forestal y las consecuencias para la sostenibilidad y protección del ambiente son devastadoras.
Esta región del Valle de Aburrá, con poco más de 18.000 hectáreas protegidas, ha crecido sin mucha planeación hacia los cerros que la circundan y la falta de una cultura de la prevención y el cuidado de la naturaleza podría desencadenar en más pérdidas humanas y en una catástrofe de dimensiones desconocidas.
Toda esa riqueza hídrica, de flora y fauna, que tiene el Departamento y, en especial, este valle metropolitano, hace necesario ajustar las normas ambientales de los POT y, paralelamente, diseñar unas campañas de protección y prevención en las zonas de reserva forestal. Una sana mezcla de restricción, pedagogía y autorregulación.
La positiva experiencia de las Cajas de Compensación como administradoras de parques naturales, con sus componentes de recreación, generación de empleo y responsabilidad social, son un buen punto de partida para extender esa figura a las zonas de reserva, con linderos claros y seguros que motiven el turismo ecológico, pero no el desafío a la naturaleza.
Los llamados guardabosques, que con tanto éxito y eficiencia funcionan en otros países, podrían desempeñar funciones de control y vigilancia que hoy no existen y evitar así que se sigan presentando accidentes fatales, daños irreparables y saqueos a nuestra flora y fauna.
El Área Metropolitana como autoridad ambiental, en consenso con los alcaldes del Valle de Aburrá y Corantioquia, tienen una tarea de vida en materia ambiental. Las zonas de reserva, que son lo más parecido al paraíso, no pueden convertirse en sino trágico ni en foco de destrucción natural.
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