La búsqueda de identidad de los habitantes de ese pedazo de tierra en medio del Caribe que bajo el nombre de Puerto Rico se bate entre la necesidad de independencia o de ser de una vez por todas parte del territorio estadounidense, tuvo un avance histórico en las urnas de la potencia norteamericana el pasado 6 de noviembre.
Ese día, se pidió a los puertorriqueños, mediante un referendo no obligatorio, que manifestaran su deseo o negativa a convertirse en el estado número 51 de Estados Unidos, y se les preguntó además si están o no de acuerdo con el estatus territorial de la isla, denominado actualmente Estado Libre Asociado.
Esas tres palabras encierran una incertidumbre de 114 años que convierte a la isla en propiedad de E.U., pero no lo hace parte de su territorio, una relación política que explica el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de la Florida, Eduardo Gamarra .
"Puerto Rico es un Estado que tiene todos los beneficios de un Estado normal, pero sin algunos derechos. Por ejemplo, sus habitantes no pueden votar para elegir al Presidente de Estados Unidos", aclaró el catedrático.
Y es tal vez la necesidad de sacudirse ese estigma de sentirse ciudadanos de "segunda categoría", que la opción favorecida en las urnas hace poco más de diez días fue la de convertirse en Estado con plenos derechos, con el 61 por ciento de los votos.
Otras opciones, como la asociación libre soberana y la independencia recibieron el 33 y el 5 por ciento de los sufragios respectivamente. Respecto a la otra pregunta, referente a la conformidad con el estatus territorial actual, el 54 por ciento de los isleños quiere cambiarlo, mientras el 46 por ciento desea que las cosas sigan como hasta ahora.
Posiciones encontradas
En la situación actual, aunque los puertorriqueños no poseen la nacionalidad estadounidense sí pueden acceder a los beneficios otorgados por los programas federales de esa nación.
De hecho, de acuerdo con Gamarra, entre los distritos que pertenecen a E.U. Puerto Rico es uno de los que más transferencias recibe.
El año pasado, el Gobierno isleño recibió 6,9 billones de dólares por concepto de subsidios y fondos de estímulo económico federal por parte del Ejecutivo norteamericano.
"Esa es una de las mayores críticas a las aspiraciones de estadidad de los puertorriqueños, pues los contradictores sostienen que Puerto Rico recibe mucho más de lo que aporta en impuestos", aseguró Gamarra.
Para el experto, las ganancias para los puertorriqueños no superarían la certeza de saberse ciudadanos de "primera categoría" y ganar el derecho a votar en su territorio, algo que pueden hacer actualmente si se encuentran en E.U.
Lo curioso es que la mayor oposición viene de los mismos puertorriqueños. Ya sea por motivaciones nacionalistas o por algún oculto deseo de autonomía, la historia nos muestra ejemplos como el del Ejército Popular Boricua, conocido como Macheteros, movimiento que se opone a la estadidad y lucha por la independencia plena.
En el otro extremo se encuentran iniciativas políticas como la impulsada por Pedro Pierluisi , congresista puertorriqueño que fue ratificado en las urnas como Comisionado Residente, y quien ve con buenos ojos que la isla se anexe de una vez por toda al territorio norteamericano.
"El Congreso de E.U. tendrá que atender esta petición. Claramente el pueblo quiere acabar con la colonia y yo haré hasta lo imposible para cumplir con ese mandato" dijo.
Y es que es el cuerpo colegiado estadounidense quien tiene la última palabra, y desde ya se escuchan voces de congresistas boricuas como Luis Gutiérre z y Nydia Velázquez , que aseguran que el llamado de los isleños será ignorado por los congresistas.
De hecho, la publicación estadounidense The Hill cita a varios asesores del Congreso que consideran los resultados del plebiscito como una "ficción estadística".
"El Congreso tomará las cifras en consideración, pero la consulta en sí no obliga a E.U. a aceptar los resultados", señaló Gamarra.
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