Todos los días vemos con tristeza y preocupación como se va perdiendo autoridad en Colombia, por parte de todos los estamentos de la sociedad. En el ámbito de los hogares los padres, con su ejemplo, les muestran a sus hijos cómo se pueden "brincar" las normas para su comodidad o beneficio, sin importar cómo afecte al resto de la sociedad. Por parte de las autoridades gubernamentales y policiales vemos que ellos transgreden las normas y las leyes que deben dictar, ejecutar, acatar y proteger. En las empresas, no permitimos que nos roben, pero manejamos dos contabilidades para evadir el pago de los impuestos.
Para poner algunos ejemplos simples, cuando un padre de familia o un bus escolar infringe cualquiera de las normas de tránsito, le está mostrando a sus hijos que mientras yo esté mejor no importa hacerlo. En el caso de los guardas de tránsito, ellos como conductores de moto, las conducen entre los carros para agilizar su llegada al destino, que según hemos visto normalmente, no es reprender por alguna infracción ni atender un accidente. La policía pretende que nosotros nos sintamos seguros cuando la única forma que ellos encuentran para proteger sus cuarteles es cerrando las vías aledañas, que son de uso de todos. Que tal que todos hiciéramos lo mismo, ¿tenemos el mismo derecho? Ahora quisiera llamar la atención de los dos anteriores y adicionando los vehículos de emergencia, cuando ellos ruedan por las vías con las luces de emergencia y algunas veces hasta las sirenas prendidas sin ninguna razón válida para hacerlo. Podría apostar que no existen directrices para el uso de esos dispositivos, o peor aún, si existen, las desconocen o no las acatan, abusando de los dispositivos mencionados para obtener beneficios o sentirse con "autoridad". En el caso de la policía de carreteras parece ser que la única forma que tienen para controlar los excesos de velocidad es interrumpiendo la movilidad al poner conos en la mitad de la vía. Hacen retenes fijos para control del acatamiento de las normas y requisitos de tránsito, pero con el agravante que algunos de sus integrantes usan estos para obtener beneficio económico propio. Lo mismo ocurre con los jueces de la República que nos han demostrado que toda norma puede ser infringida, por grave que sea, ya que siempre existirá el juez o abogado que permita que los infractores anden libres por las calles.
Con los ejemplos anteriores, que son muy pocos, ya que si lográramos compilar una lista de hechos de ese tipo, no alcanzarían las páginas de muchas ediciones de este diario, queremos llamar la atención de las autoridades y la sociedad en general, para que empiecen a tomar conciencia de sus actos irresponsables, para que con su ejemplo Colombia pueda llegar a ser una sociedad organizada y respetuosa de las normas y sus autoridades.
La falta de autoridad es un riesgo para los integrantes de toda sociedad y en Colombia vamos por muy mal camino.
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