En Honduras la situación se torna más caótica con el paso de los días. Un hombre, abaleado la noche del martes, fue el primer muerto oficial de las revueltas tras el regreso al país de Manuel Zelaya y los saqueos y actos vandálicos empeoraron ayer el panorama en Tegucigalpa, la convulsionada capital. Según Zelaya, los muertos ya suman diez.
Tras un toque de queda de 36 horas, el Gobierno interino levantó la restricción 7 horas, durante las cuales los hondureños se agolparon en supermercados, bancos y gasolineras. La medida volvió a regir hasta las 6:00 a.m. de hoy.
Desde la embajada de Brasil, Zelaya denunció que existía un complot para fingir su suicidio. "El plan es entrar y crear un conflicto y un magnicidio (...) para hacer parecer que me había suicidado en el momento del allanamiento", dijo Zelaya. Asimismo dijo que lo presionan con gases para salir de la embajada.
El presidente interino, Roberto Micheletti, desmintió las acusaciones y E.U. anunció que el Gobierno de facto invitó a la OEA a Tegucigalpa para promover el diálogo.
Ayer, la OEA y la Unión Europea acordaron el regreso de los embajadores que abandonaron el país tras el golpe de Estado y el envío de una misión diplomática de cancilleres americanos. Por su parte, la ONU suspendió su asistencia electoral a Honduras por falta de garantías para unas elecciones creíbles.
Mientras la crisis empeora, cuatro caminos se abren paso.
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