Cálida y acogedora, con calles inundadas de mujeres bellas, Cúcuta hace soñar. En su malecón que bordea el río Pamplonita, las noches transcurren cargadas de poesía en el lugar perfecto para la hermandad y la bohemia.
¡Y cuál conflicto con Venezuela! Ningunas ciudades más hermanas que San Antonio, en el estado de Táchira, y Cúcuta, a las que el puente internacional Simón Bolívar no separa sino que une.
Con absoluta facilidad se pasa de un lado a otro sin problemas y en ambos sitios es difícil saber quién te vende en un almacén o te ofrece un delicioso jugo de naranja en una céntrica vía: si un venezolano o uno de nuestros nacionales.
Cúcuta ya no es una ciudad artesanal, cargada con la historia del general Francisco de Paula Santander, sino también industrial, con el cuero, el calzado y la gastronomía como sus productos bandera.
Un orgullo de la capital fronteriza es el calzado Mussi, tal vez su empresa estrella en la promoción y crecimiento de la industria del cuero. La fábrica, ubicada en pleno centro de la capital, mezcla ese aire de taller artesanal con la más moderna maquinaria y un proceso de fabricación en cadena que les ha permitido exportar sus mejores zapatos, botas, correas y carteras a los más prestigiosos centros comerciales del país.
Cúcuta es paseo, es comercio, pero también es descanso y cultura. Una visita a la Casa de Santander, en Villa del Rosario, donde el héroe de la independencia vivió sus primeros 13 años, le posibilita al visitante su cita infaltable con la historia y una tarde para disfrutar de los jardines.
Pero la cultura se hace más visible en Pamplona, una ciudad encaramada en las montañas de la Cordillera Oriental, donde "la loca", como se le llama a la neblina, es la primera que besa el rostro de los visitantes para envolverlos de una vez en sus encantos.
"Como fue centro de acopio de las harinas que se llevaban para el interior del país, surgió una tradición de panaderos que se hicieron expertos en fabricar lo mejor de este alimento en la región", expresa Jaimes Camargo, de la Cámara de Comercio local.
Delicias como el pan de agua, el pan de yuca, el arrostrado y las panochas compiten en vitrinas con dulces de naranja, de toronja, de limón, colaciones y panelitas.
Infaltables para visitar en esta acogedora población son su catedral Santa Clara, el Templo del Señor Humillado y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen. Tampoco se debe dejar de ir a los museos del maestro Ramírez Villamizar, el Arquidiocesano, el de Arte Religioso y el de la Casa Anzoátegui. Hospedarse en los hoteles Cariongo o El Solar es una experiencia que no se olvida.
Da nostalgia salir de Pamplona y despedirse de la calidez cucuteña. "Aquí te esperamos", parecen decir en esta acogedora región, que combina historia, comercio y una hermandad con Venezuela.
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