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HISTÓRICO
SANTOS VS. URIBE ¿DESTRUCCIÓN MUTUA ASEGURADA?
  • SANTOS VS. URIBE ¿DESTRUCCIÓN MUTUA ASEGURADA?
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 15 de octubre de 2014

“Se rayó el teflón”, titularon varios medios de comunicación, como una noticia que se esperaba, pero que casi no llega: una eventualidad atrasada. En efecto, el “teflón” (como llaman a la resistencia de la popularidad del expresidente Uribe a escándalos y enfrentamientos), ha mostrado su segunda señal de ceder ante la opinión pública.

De hecho, de acuerdo a la encuestadora Gallup, en julio de este año la opinión desfavorable del ahora senador Uribe fue de 49 %, contra el 45 % favorable; mientras en septiembre, hubo un empate de 46 % en ambos conceptos.

Y resulta importante porque desde que Gallup pregunta en su encuesta por Álvaro Uribe (1996) el político antioqueño nunca había tenido una opinión desfavorable superior, ni siquiera igual, a la favorable.
El descenso en la favorabilidad del expresidente Uribe empezó desde casi el momento en que dejó la presidencia, pero se desplomó realmente desde agosto de 2013, cuando inició la campaña para Presidencia y Congreso de 2014, y sobre todo, cuando se recrudeció su enfrentamiento contra el presidente Santos.

Pero Santos tampoco ha salido, ni mucho menos, ileso de esta pelea entre expartidarios. En la misma encuesta de Gallup de este mes, el 49 % de los colombianos desaprueba la gestión del presidente Santos, mientras el 44 % la aprueba.

De igual forma, el 51 % de los colombianos son pesimistas sobre el futuro del país, y solo el 27 % cree que las cosas “están mejorando”; una tendencia nacional de buena parte de los dos gobiernos del presidente Santos.
Ahora bien, yo no creo, como dicen algunos, que la pelea “Uribe – Santos” sea solo una lucha de egos y mezquindades. En el fondo, algunos asuntos básicos sí separan a ambos bandos y, además, los años de peleas, enfrentamientos electorales y procesos judiciales han profundizado distancias y creado resentimientos.

El problema es que se les está saliendo de las manos y tanto Colombia –que siempre pierde- como ahora ellos mismos, están recibiendo más golpes que beneficios.
Aclaro.

Esto no es una apología a una reconciliación forzada, en realidad, pocas cosas le hacen más daño a la democracia que los consensos, sobre todo, los que no son genuinos en términos políticos; pero sí una invitación –de esos gritos al vacío que a veces hacemos en Colombia- para “calificar” el enfrentamiento, encontrar mejores espacios, medios y discursos para gestionar el conflicto entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, entre uribistas y santistas.

De hecho, una pelea en mejores términos no solo sería buena para el país y su democracia –que necesita vivir estas discusiones- sino para los involucrados que, luego de varios rounds, por fin están viendo que ni el teflón ni el Gobierno, son suficientes para repeler el cansancio ciudadano.