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Su dignidad se hizo legado

02 de julio de 2009
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Un cuadro a lápiz firmado por la artista Libia López mira de frente a quienes ingresan a la Villa Olímpica de Indeportes Antioquia. En él se ve la imagen fresca, serena y de bacán que siempre tuvo Antonio Roldán Betancur, el gobernador inmolado el 4 de julio de 1989.

La Villa, que lleva el nombre del médico de la U. de A. asesinado en el mejor momento de su vida, es la gran obra de Medellín que evoca su memoria. Allí, deportistas llegados de otras regiones tienen un refugio seguro, un hogar para vivir en la ciudad mientras entrenan, compiten y estudian.

Administrada por Antonio Garzón, esta infraestructura es el hotel que les permite a los deportistas de los pueblos vivir con comodidades sin extrañar a sus familias.

Lo cuenta Carlos Jovanni García, un moreno atlético que llegó hace cinco años de Chigorodó.

-Esto tiene muchas comodidades, uno está como en la casa-, dice el atleta lanzador de bala. Y lo ratifica Nelcy Caicedo, velocista que hace 4 años arribó de Urabá y siente la Villa como su hogar.

-Acá puedo dedicarme al deporte y hacer mi licenciatura en Educación Física-.

El 31 de mayo se cumplieron 17 años de construida esta sede, que tiene consultorios médicos, sicológicos, de trabajo social, gimnasio, cómodas habitaciones y servicio de restaurante.

Allí, otras cosas recuerdan a Antonio Roldán, un hombre que también trabajó por el deporte. Letreros en las dos entradas principales y en las puertas de cada habitación, y una placa con la fecha de inauguración de la Villa. Es, sin duda, un edificio digno de la dignidad de Roldán.

En el puente
Al otro extremo de la ciudad, en la calle 30 con carrera 43, está la otra infraestructura que evoca su memoria. Es el puente del intercambio vial de la calle 30 que conecta con la avenida El Poblado.

El puente está en buenas condiciones, no presenta fisuras, sus barandas están impecables, sin rayones ni rastros de que algún vehículo se haya ido contra ellas.

Pero al nombre le faltan letras. Exactamente las que dan en el separador de la vía (calle 30), entonces se lee "ANTONIO D N BETANCUR". Las que faltan (ROL y la A), al quedar exactamente en la línea del separador, a los vándalos se les facilitó despegar las letras metálicas y cualquier día las hurtaron. Además, un árbol en el separador a unos centímetros del puente tapa parte del nombre y no lo deja leer todo.

Debajo de la estructura abundan orines y basura. Es, también, dormitorio y hogar de habitantes de la calle. El sitio huele mal y sí necesita un poco de más cariño.

En Apartadó y en La Pintada, los hospitales también le rinden homenaje con sus nombres al gobernador y en Briceño, su pueblo natal, la casa de la cultura y una institución educativa también lo evocan. En el parque hay un busto instalado el año anterior y su memoria es recordada con frecuencia.

-Acá decimos que si él no hubiera muerto, Briceño sería otro-, afirma Jorge Cuartas, secretario de Gobierno.

Su legado para el pueblo fueron el parque, la construcción del primer puesto de salud, la electrificación y el trazado de una vía alterna cuya construcción frustró su magnicidio.

La casa donde vivió también se conserva. Él fue un hombre grande para Briceño, para Antioquia y para Colombia, cosas que importaron nada en el instante en que los criminales -así se diga que por error- accionaron el carro bomba que se lo llevaría para siempre de esta vida.

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