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Termina una y comienza otra

01 de julio de 2010
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El presente año ha sido totalmente político y a pesar de que la mayoría de la gente denigra de la política o manifiesta total ignorancia sobre el tema, ésta se ha constituido en los últimos años en el deporte nacional de los colombianos, pues desde los lugares más remotos del país hasta en los más grandes centros urbanos, se participa y opina sobre el acontecer político, llegando en algunos casos a discusiones de alto calado, tuvieren o no conocimiento bien fundamentado sobre estas lides.

Estos debates han enriquecido y fortalecido la democracia;  esta apertura sana a la controversia política y a la confrontación de ideas de manera civilizada, ha permitido que buena parte del pueblo colombiano haya despertado de su indiferencia.

Sin todavía digerir suficientemente los resultados de las recientes elecciones parlamentarias y presidenciales, ya hoy se abre paso un nuevo certamen electoral y empiezan a moverse las fichas del ajedrez político para la designación de los nuevos alcaldes, gobernadores, concejales y diputados que se realizará el próximo año en todo el país. 

Nos encontramos en una etapa de precalentamiento, en la que comienzan a sonar o a postularse para tan importantes dignidades, tanto a nivel departamental como municipal, los nombres de personajes nuevos, los de quienes quieren repetir, y los que insisten en buscar el favor del electorado que en otras ocasiones les ha negado el acceso a dichas posiciones, todos con el fin de ir explorando en el terreno las posibilidades que tienen para enfrentar con éxito la difícil, desgastante y costosa campaña.

En el caso de Antioquia y de Medellín ya se mencionan, en los diferentes medios de comunicación y en los corrillos políticos, un sinnúmero de personajes que posiblemente harían parte de la baraja para ser considerados por los electores. Algunos están precedidos de una importante experiencia e intachable hoja de vida, lo que proporciona tranquilidad y buen augurio en el caso de que sean ungidos con el mandato; otros, por el contrario, traen un pasado y un presente que suscita muchas dudas sobre su honestidad y autoridad moral, las que deberían aclarar antes de someterse al escrutinio público.

El desarrollo de los pueblos y el mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes comienzan desde el núcleo de lo local y departamental, por lo que los distintos aspirantes a cargos de elección popular deben estar lo suficientemente preparados y contar con excelsas calidades, tener una transparencia a toda prueba y disponer de un verdadero afán de servicio y de compromiso, acordes con las aspiraciones y necesidades de sus comunidades.
Las entidades territoriales requieren de aspirantes que tengan como objetivos el fortalecimiento de la democracia y de las mismas instituciones, que propugnen por el cumplimiento y defensa del orden jurídico y rechacen de manera perentoria cualquier tipo de corrupción y prácticas ilegales.

Para los próximos comicios se hace necesario que quienes se postulen cuenten con un sólido respaldo de los partidos y movimientos políticos, y que éstos a su vez eviten la manida costumbre de otorgar sin ninguna consideración avales por doquier, para  no tener que lamentar ligerezas e irresponsabilidades al apoyar a individuos con antecedentes y prácticas cuestionables.

Requerimos dirigentes incorruptibles que trabajen de cara a sus conciudadanos, con programas creativos, serios y realizables que conduzcan a combatir las inequidades en materias relacionadas con el empleo, la salud, la educación y la vivienda, falencias que se convierten en atizadores permanentes de los brotes de violencia y de terror que tanto nos mortifican.

Exijamos que quienes pretendan dirigir los destinos de un municipio o departamento estén provistos de total independencia, ajenos a componendas subterráneas de todo orden, especialmente con sectores desestabilizadores como la delincuencia común, el narcotráfico y el terrorismo.

De parte de la ciudadanía también deben existir compromisos y responsabilidades, como: no dejarse embaucar por falsas promesas, no vender su voto al mejor postor, mirar con detenimiento las hojas de vida y los programas de calado social que garanticen la elección de personas idóneas y comprometidas con el progreso de los entes territoriales y, por ende, de todos sus habitantes.

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