Una comida de negocios muy importante. Su jefe está presente y también unos importantísimos clientes. Y le toca a usted, que no distingue un mosto de un riesling y que cree que la guía Parker es un catálogo de plumas, tomar una de las más cruciales decisiones del encuentro: ¡Elegir el vino que regará esta cita fundamental para su carrera laboral!
Podría parecer una escena de comedia, pero sucede. Y aunque el fervor desbocado por el mundo del vino sea un fenómeno reciente, por no hablar de sus aplicaciones cosméticas, o de su matrimonio con arquitectos de renombre en los últimos años, hablamos de un arte que se originó hace 8.000 años en las laderas del Cáucaso.
Lo cierto es que entre tanta parafernalia, etiqueta, decantador y demás vocabulario especializado, el atribulado profano en la materia puede llegar a sentirse condenado al ostracismo social.
Pero para este problema también hay una solución: un paseo por las librerías permitirá a quienes a la hora de elegir vino responden "huy, no sé, cualquiera", ofrecer una réplica de entendido que no provoque miradas displicentes del sommelier ni risitas sofocadas de los acompañantes.
Las editoriales se han dado cuenta de que ahí afuera hay un público potencial interesado en ampliar su cultura enológica, pero poco dispuesto a inscribirse en un máster o a dedicar unos años de su vida a viajar por los grandes viñedos del planeta.
Guías de supervivencia
A ellos están dirigidos libros como el recién aparecido Saber de vino en tres horas, de la editorial Planeta (que no está en las librerías de la ciudad, pero se puede comprar como un ebook). Escrito por el periodista gastronómico Federico Oldenburg, es una "irreverente" guía rápida para convertirse en experto o, como dice el autor, "sobrevivir en este mundo".
"Siempre he pensado que el lenguaje y el conocimiento vinícola pecaban de grandilocuencia y pretensión. Se creó un lenguaje solo apto para expertos y esnobs que deja a mucha gente fuera de un placer que todo el mundo puede disfrutar", explica el autor.
Oldenburg defiende la democratización del vino, la simplificación de las catas y del lenguaje que se emplea en éstas, "que también es tan críptico y absurdo que al final a nadie le dice nada".
Al fin y al cabo, decir que un vino huele "a cassis y a un cuchillo que acaba de cortar una manzana" es cuanto menos absurdo.
El secreto para salir airoso es, según Oldenburg, "tenerse fe", algo fundamental para poder decir aquello que uno cree y hacerle caso a los sentidos. De esta forma, "vas a estar más cerca que si sobreactúas", comenta.
Un truco infalible que ayudará al profano a salir del paso si la conversación sobre vino empieza a volverse peligrosamente profunda es "aprenderse cien términos vinícolas o guardar en la manga armas como el tema de las variedades de uva", bromea el experto.
Aunque ya, más serio, puntualiza que "una cosa es defenderse y otra saber: para saber hace falta experiencia".
Oldenburg desmitifica algunos de los términos más utilizados, como el famoso maridaje, el arte de combinar con destreza vinos y alimentos-, que propone abolir y sustituir por otros como "hermanamiento y asociación". Además, se trata de una práctica del todo subjetiva en la que "sobran las normas".
Enemigos del vino
No están de más, eso sí, unas pautas básicas: hay alimentos "enemigos" del vino, como las alcachofas, el vinagre -y por extensión las ensaladas-, el ajo, el pimentón, la cebolla, el apio y en algunos casos el huevo. "Resultan catastróficos", dice el periodista.
Sin embargo, propone romper con tabúes como que las comidas muy especiadas o picantes son inapropiadas para el vino, y sugiere combinaciones para conquistar a los amigos, como el sushi japonés regado con blancos gallegos o combinar un curry indio con un tinto mediterráneo como el bobal o el monastrell.
Para quienes quieran dedicarle un poco más de tiempo al aprendizaje, digamos que una semanita en lugar de tres horas, la sommelier y periodista Meritxell Falgueras ha reunido en Presume de vinos en 7 días (Salsa Books) un "abecé de la enología para principiantes".
Otro clásico para acercarse al mundo del vino, esta vez un poco más en profundidad, es Entender de vino , de Carlos Falcó (Martínez Roca), que entre otros muchos contenidos repasa la historia de la elaboración de caldos desde sus orígenes: datos anecdóticos que bien memorizados le harán quedar muy bien.
Así, Falcó explica que los arqueólogos detectan que una cultura o zona fue productora de vino "cuando un yacimiento contiene un número suficientemente elevado de pepitas de uva", y que ya egipcios y cretenses conocían los secretos de la elaboración de esta bebida hace 4.000 años.
Etiqueta y etiquetas
Hay unas reglas básicas de cortesía a la hora de servir un vino que le harán quedar como un entendido.
Mostrar la botella a los comensales para que puedan leer las etiquetas, abrir y decantar la botella ante ellos, servir el vino siempre por el lado derecho dejando al menos el 50 por ciento de la copa sin llenar (dos tercios de ésta en el caso de los grandes tintos y blancos) y no apoyar nunca el cuello de la botella sobre la copa.
Ahora, si quiere estar al tanto e informarse sobre las tendencias mundiales, la sugerencia es que intente dar con algunas de las guías que se publican cada año: la Peñín, la Proensa, la Gourmets y por supuesto la que muchos consideran la biblia del asunto: The Wine Advocate , publicada por Robert Parker y que tiene su versión paga en internet en www.erobertparker.com.
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