Sin incidentes que perturbaran la fastuosa inauguración, comenzaron ayer los Juegos Olímpicos de Invierno en la gélida ciudad rusa de Sochi, situada entre las montañas nevadas del Cáucaso y el mar Negro. En los días previos, el tema de la política antigay de Moscú desplazó como preocupación el de la seguridad, con amenazas incluso de boicot.
La versión de estos juegos, que se realizan desde hace 90 años, está enmarcada en la polémica en torno a la persecución en Rusia a las personas por su orientación sexual, llámense lesbianas, gais, transgéneros, bisexuales e intersexuales (Lgtbi).
Por ello han sido tan significativos los gestos que invitan a reivindicar la diversidad, como el de Google, que aplicó este concepto a su doodle, el ícono que aparece en su página de inicio, pintándolo con los colores del arco iris (símbolo del movimiento Lgtbi) y acompañándolo, por primera vez, de una frase que da pleno sentido a las justas olímpicas: "La práctica deportiva es un derecho humano. Toda persona debe tener la posibilidad de practicar deporte sin discriminación de ningún tipo y dentro del espíritu olímpico, que exige comprensión mutua, solidaridad y espíritu de amistad y fair play", reza el párrafo tomado de la Carta Olímpica.
Tal principio, que rige para las justas deportivas universales, es válido también para cualquier otro ámbito. Lo que hoy distingue a un país cuya sociedad se precie de ser libre, es la pluralidad y la tolerancia. La sociedad contemporánea tiene su esencia en la integración, dentro de la diversidad, no hablando de estados totalitarios o regímenes teocráticos.
Leyes como las aprobadas en julio de 2013 en Rusia por su presidente, Vladimir Putin, que discriminan a las personas que tienen una opción sexual diferente, penando con cárcel cualquier manifestación pública de su relación, han propiciado, por un lado, la radicalización de la homofobia en su país y, por el otro, el rechazo de diversos movimientos, organizaciones y países a tales políticas excluyentes, generadoras de agresivas conductas contra los gais.
En medios y redes sociales han circulado videos que denuncian las palizas a las que son sometidas las personas con una opción sexual diferente, por grupos de jóvenes en actitudes que recuerdan movimientos de corte fascista.
El secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon, protestó ante el Comité Olímpico Internacional (COI) por la discriminación y los ataques originados en la orientación sexual de las personas y 200 intelectuales publicaron en The Guardian, el influyente periódico inglés, un manifiesto que rechaza la legislación rusa "antipublicidad gay", por lesiva de la libertad.
En el mismo sentido se realizaron concentraciones en varias ciudades, incluyendo a Río de Janeiro, donde en 2016 se realizarán los Juegos Olímpicos de Verano. Algunas delegaciones como las de Francia, Alemania y Estados Unidos, vieron reducida su participación.
La polémica está servida en unos juegos donde es inevitable la participación de deportistas con opción sexual diversa, que por lo demás pertenece a la vida privada de las personas y no tiene nada ver qué ver con su capacidad como deportistas.
Durante 16 días, 2.500 deportistas de 88 países se disputarán las medallas de 15 disciplinas, la mayoría de ellas sobre esquís, patines o trineos, que constituyen el gran espectáculo del deporte en la nieve.
Reprimir y tratar de invisibilizar a las personas por su opción sexual es tan restrictiva de los derechos humanos como la discriminación por motivos de raza, color o religión. Eso no cabe en unos olímpicos y cada vez tiene menos espacio en sociedades abiertas.
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