Las decisiones tomadas, en su momento, de manera apresurada, sin una valoración de las prioridades del Departamento en materia de infraestructura vial y de los impactos ambientales del Túnel de Oriente, son la causa real de que el proyecto siga empantanado y que su construcción se dilate.
Por eso resulta injusto pretender atribuirle a la actual administración departamental el aplazamiento en la reanudación de las obras que, de contar con la aprobación de los estudios que aún hacen falta, solo estaría ocurriendo en el segundo trimestre de 2014, para concluir en el año 2018.
Las características y real conveniencia y prioridad de este proyecto sigue siendo objeto de controversias.
Lo que Antioquia debe esperar ahora, tras estos estudios, es que su ejecución sí se acoja a las exigencias ambientales para que la comunidad vecina no sufra los impactos negativos.
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