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HISTÓRICO
UN CONGRESO PARA LOS COLOMBIANOS
  • UN CONGRESO PARA LOS COLOMBIANOS
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 23 de julio de 2014

Este pasado domingo 20 de julio nuestra república estrenó Congreso. En una incómoda ceremonia, se posesionaron 268 legisladores, con rostros de significancia y expresiones grandilocuentes, cada paso tomado en el capitolio, cada chisme murmurado dentro de sus muros, y cada reflejo de conspiración entre sus corporados, a la par de un forzado determinismo. “En esta legislatura”, parecen querernos decir todos ellos, “sí salvamos la patria”.

Yo sé, al igual que muchos colombianos, tampoco albergo muchas esperanzas. Gran parte de nuestros congresistas han tendido a ser decepcionantes en sus gestiones. En efecto, nuestro Congreso ha enfrentado en los últimos años un problema estructural de desconfianza ciudadana. De acuerdo a Gallup, en mayo de 2014, el 68 % de los colombianos tenía una imagen desfavorable del Congreso de la República, un porcentaje que ha estado por encima de 48 % desde 2010, y que se ha mantenido en casi todas las mediciones por encima de quienes tienen una imagen favorable desde el gobierno de Andrés Pastrana.

Sin embargo, ahí están, y en su poder –el formal de legislar y el informal de influenciar decisiones- están las posibilidades de sacar adelante reformas e innovaciones legislativas necesarias para el desarrollo del país.

En efecto, este nuevo Congreso tendrá que asumir promesas rotas de la anterior legislatura, como una reforma a la Justicia que no esté deformada por artículos tramposos, una reforma a la educación que logre poner de acuerdo en unos mínimos a los actores concernidos –sin poner en riesgo la competitividad y sostenibilidad del sector- y una retrasada reforma política que le devuelva algunos de los elementos de competencia democrática que se han perdido en recientes adiciones normativas.

Además, deberán asumir retos que se perfilan para los próximos años de nuestro país, como la reglamentación de los acuerdos que se alcancen en La Habana –los debates alrededor constituirán buena parte de la pedagogía y control que se haga al proceso de paz con las Farc-; las nuevas tendencias de explotación de recursos naturales, es decir, la reforma al Nuevo Sistema General de Regalías y las afectaciones ambientales de nuevas tecnologías de extracción, y la preparación territorial para asumir las dinámicas de un postconflicto, esto es, las disposiciones para asumir a desmovilizados, destrabar la restitución de tierras y reparar a víctimas en las localidades.

El problema es que pareciera que el show político, el cadalso mediático será más importante para este Congreso que la atención de estas necesarias y urgentes estructuras legislativas. Desde antes de su posesión, ya se especulaba sobre los “enfrentamientos” entre personajes ilustres –y no tan ilustres- que se darán en el capitolio.

Esperemos, sinceramente, que los nuevos congresistas se aguanten la tentación de dar un buen espectáculo y se lancen, de una vez por todas, a hacer una buena legislatura.