¿Qué tienen los seres humanos que para alcanzar su identidad, necesitan independencia y para lograrla, a veces buscan matar, destruir o negar?
Reclamar una herencia cuando el padre todavía vive pareciera normal, en este mundo materialista de hoy donde todo, creemos, funciona si lo reclamamos como un derecho.
Este derecho -independencia-, no es ni más ni menos que matar, negar al padre, puesto que en derecho, una herencia, se reclama o recibe una vez que ha muerto el padre. Para alcanzar la independencia –herencia (identidad)- ¿tenemos que convertirnos en asesinos? ¿Estamos irremediablemente vinculados a nuestro complejo de Edipo? ¿Tenemos que vivir de esta sombra? Esto, tan desconcertante, parece ser característica de los seres humanos hoy. Para Ser hay que matar, negar o desaparecer; para liberar hay que acabar, destruir, romper o arrasar. Nuestros mejores resultados provienen de acciones, actitudes perversas.
Descubrimos, con asombro y curiosidad, que existe un ser que tiene su identidad y autonomía, como resultado del darse. Entregar lo que tiene, la vida, lo que le es propio. En el acto y actitud de darse plenamente; dar vida para que otros la tengan y abundante. Esto no es matar o asesinar; destruir o negar. Es darse ilimitadamente; llegar hasta el don de sí mismo, por la vida de los demás. Una actitud contraria a la descrita en la dinámica de los seres humanos, hoy. ¿Quién es este ser excepcional? La respuesta es asombrosa, por lo simple y contundente: Un Padre, bueno y misericordioso. Porque existe un padre o madre así, existen los hijos -la vida humana- en el mundo, nuestra vida. La vida, la autonomía, se logran en el ofrecimiento de sí; el darse y entregarse, dinámicas contrarias, a las que hoy se propone de manera tan perversa en un mundo, donde el progreso y desarrollo que busca la independencia, nos impulsa a la depredación, la muerte, la destrucción y la negación.
Llegado a este punto, confieso que no entiendo: ¿Será que no existen verdaderos padres en nuestro mundo, entre los seres humanos, hoy? ¿Cuándo desaparecimos, negamos o matamos al padre? Quiero evocar una insistencia grande de un buen padre. Benedicto XVI, quien en su interlocución con el mundo mantenía un interrogante permanente: ¿Adónde cree que puede llegar el hombre y el mundo, si prescinde de Dios, padre? En otras palabras: con qué ocasión y razón, el hombre comienza a considerar que Dios (El Padre) es su rival o enemigo, al que tiene que matar o negar?
Esta dinámica perversa, que acaba con las posibilidades de vida, es develada en las lecturas de este domingo, al encontrarnos con la verdadera dinámica de la vida en el Padre bueno, misericordioso, que todos tenemos y necesitamos. Incluso, aquellos que como el hijo "pródigo" construyen su proyecto de vida negando al padre, cambiándolo por bienes aparentes, que tienen como propios.
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