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HISTÓRICO
Un paisa administra el oasis de internet que puso a Unguía en el mapa
  • Un paisa administra el oasis de internet que puso a Unguía en el mapa
Por: Nelson Matta Colorado | Publicado el 18 de septiembre de 2014

“En Unguía no hay agua potable ni energía eléctrica permanente, ¡pero sí hay banda ancha!”, dice Juan Arturo Gómez, y su rostro muta velozmente de la tragedia a la esperanza.
Este paisa de nacimiento, hijo adoptivo de Chocó, administra el Kiosko Vive Digital de ese municipio, en la frontera colombiana con Panamá.

El pequeño local, ubicado en el casco urbano, es una de las pocas conexiones de Unguía con el mundo exterior, teniendo en cuenta que a diario solo hay dos lanchas que traen y llevan a la gente hasta Turbo, donde es posible tomar el transporte aéreo o terrestre hacia otros destinos.

Allá la gente vive de la ganadería, la pesca, la agricultura y la explotación maderera y aurífera. La prosperidad, sin embargo, es una vieja deuda del Estado.

A veces hay apagones que duran 10 días en Unguía, relata Juan Arturo, porque la antigua planta eléctrica no alcanza a prestar el servicio completo. Por fortuna, su local cuenta con energía solar.

Los kioskos Vive Digital son una iniciativa del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Telecomunicaciones (MinTic) y en aquella comunidad hay cinco, repartidos en lo urbano y lo rural.

En el del paisa, inaugurado el 24 de mayo de 2013, hay cinco computadores con internet de dos gigas y dos teléfonos satelitales. El oasis de tecnología, rodeado de ríos, mar, selva tupida y ranchos de tabla, ha permitido que decenas de estudiantes hagan cursos virtuales con la Universidad de Antioquia y que campesinos y víctimas se conecten con el Gobierno.

De esta manera, Juan Arturo le devuelve a esa tierra los favores recibidos porque, dice, Unguía le salvó la vida. “Yo soy drogadicto rehabilitado. Fui un tipo de la calle, consumido por el vicio, y cuando estaba al borde del precipicio, agarré unos libros, una muda de ropa y me vine para Unguía”.

El apacible sonido del río, el canto de las aves y el aire puro, sin más estrés que comer lo que da la tierra y ver el crepúsculo, lo rescataron del sórdido mundo en que vivía.

Los deseos de superación lo llevaron a iniciar estudios de Comunicación Social a los 54 años de edad. Ahí va pa´delante, como se dice en Antioquia, y pensando grandes cosas para el local.

Porque su kiosko no es una simple sala de internet. En 2013 estableció contactos por correo con el Club Rotario de Urabá, logrando que esta entidad patrocinara las cirugías de 16 personas del Bajo Atrato que padecían labio fisurado y paladar hendido.

En junio del mismo año, a través de su conexión con el mundo exterior, socorrió a Jámerson Córdoba, de 24 años. Por un familiar que llegó triste al kiosko, Juan Arturo se enteró que el muchacho pisó una mina quiebrapata y perdió una extremidad.

“Me comuniqué con la Cruz Roja y le mandaron pasajes y viáticos para ir a Medellín. El programa Colombia sin Minas se apersonó de él, se logró la consecución de la prótesis y del tratamiento sicológico”, dice.

A raíz de esta gestión, el kiosko se convirtió en enlace del programa Colombia sin Minas en el norte de Chocó, una región golpeada por guerrillas, paramilitares y narcotraficantes, donde el conflicto está tan enquistado que la población no ha visto un solo día sin violencia en las últimas tres décadas.

¿Quién iba a pensar todo lo que se podía hacer con cinco computadores y una banda ancha? ¿Quién iba a creer que un hombre azotado por el vicio iba a sobrevivir en un pueblo tan alejado? La prueba está ahí, a un click de distancia.