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HISTÓRICO
Una cárcel de solo dos presos
  • Una cárcel de solo dos presos | Henry Agudelo, El Carmen | Esta cárcel está ocupada en un 6.6 por ciento y su hacinamiento es del -93 por ciento. La que más se acerca a este nivel es la de Florencia, Caquetá, que tiene un hacinamiento del -59.2 por ciento.
    Una cárcel de solo dos presos | Henry Agudelo, El Carmen | Esta cárcel está ocupada en un 6.6 por ciento y su hacinamiento es del -93 por ciento. La que más se acerca a este nivel es la de Florencia, Caquetá, que tiene un hacinamiento del -59.2 por ciento.
José Guarnizo Álvarez | Publicado el 11 de septiembre de 2010

"Chano" es tal vez el único preso en Colombia que ha tenido las ínfulas para exigirle a la directora de la Cárcel que, de almuerzo, solo le sirvan papitas fritas con carnita a la plancha.

Beatriz Cecilia Mejía, quien a la vez ejerce como la Secretaria de Gobierno de El Carmen de Viboral, al principio dudó, pero terminó cediendo. "Él es muy 'remilgaíto' para la comida. Era una exigencia que cualquiera podría negar. Pero como eso no nos cambiaba el presupuesto, pues no le vimos problema", reconoce.

Es posible también que sea el único recluso de este país que se da el lujo -casi folclórico- de levantarse con el sol de las 11 de la mañana. Eso, cuando no deja que sus fosas nasales resuenen como un motor fuera de borda, hasta el medio día. "Si yo estuviera allá, de más que también haría lo mismo", dice con sorna Beatriz Cecilia.

Pero todo esto solo es posible en una prisión que hoy pasa por una especie de sequía de internos. Mientras Antioquia (y toda la región Nordeste) vive un hacinamiento carcelario del 22.3 por ciento, "Chano" tuvo durante cuatro meses la cárcel para él solo.

Apenas hasta hace unos 20 días, que llegó don Ramiro* -un conductor indiciado de un delito sexual- fue que la prisión, entre comillas, se pobló.

Son las 9:30 de la mañana y "Chano", sabiéndose condenado a 20 años de cárcel, duerme como un lirón.

Una vez pone el primer pie al lado de esa especie de sarcófago de cartón que tiene como cambuche, se acomoda la gorra de siempre, se pasea la mano por las lagañas que acumuló en su largo descanso y bosteza.

Ahí es cuando se advierte que le faltan tres dientes y que en las encías le resalta un enorme agujero negro, sobre el que se ubica un bigote impenetrable, revuelto. Muy semejante a una brocha.

¿Está aburrido aquí? "¿Aburrido? Ave maría, no me metí una bomba porque no la tuve", dice mirando al piso. ¿No le hacían falta más compañeros para conversar? "Uuff -levanta la voz- uno se dispertaba (sic) a mirar paredes, me hacían falta amigos, qué soledad. Hacer de comer para uno mismo, cómo le parece. Qué aburrición".

¿Cuántos años tiene? "¿Yo? Como 45", contesta. ¿Por qué delito fue procesado, y me disculpa la pregunta? "Dizque por acceso carnal", confiesa.

Entonces "Chano" comienza con su rosario de lamentos. "La vida mía aquí era vivir solo. Le buscaba charla a los guardianes, para que comiéramos juntos. Ellos a veces me preparaban un arrocito y me lo hacían comer".

Pese a que "Chano" odia cocinar, cuando se convirtió en el único interno debió asumir, por sustracción de materia, las funciones de ranchero. También la de muchacho del servicio, entre otras labores, que, según algunas malas lenguas, no cumplía a cabalidad. Ahora don Ramiro es el que desde la cocina le sigue sus caprichos culinarios.

Si el estándar internacional ha concertado que un preso requiere de 2.56 metros cuadrados como mínimo vital, "Chano" tuvo a disposición 800 metros cuadrados, entre cancha de básquetbol, dos amplísimos recintos de habitaciones con de a siete camarotes cada uno, cocina, cuatro duchas, dos inodoros, pasillo para ver televisión y, claro, televisor.

También, un salón donde funcionan la capilla, la biblioteca y dos piezas adicionales que sirven para la visita íntima, un servicio del que hasta ahora nadie se ha beneficiado. No deberá ser fácil tener intimidad delante de la mirada imperturbable que despide una estatua de la Virgen del Carmen.

No hay con quién jugar
La soledad de "Chano" y Ramiro entraña una paradoja si se mira lo que ocurre a solo 62 kilómetros de distancia, en la Cárcel de Bellavista de Medellín, la más hacinada del país.

Mientras aquí hay dos vigilantes para dos detenidos, en el patio octavo de Bellavista se ven, a duras penas, los mismos dos guardianes pero para 1.500 reclusos, que deambulan detrás de un portón al que llaman rastrillo.

Una situación crónica, si es por los datos sobre los que se apoya Luz Marina Acevedo, la abogada de la Personería de Medellín encargada del tema. Y es que en Bellavista duermen 6.189 presos, cuando su capacidad es para 2.203. "Hablamos de un hacinamiento que se acerca al 185 por ciento", denuncia Luz Marina.

En El Carmen de Viboral, en cambio, "Chano" y Ramiro utilizan, cada uno por su lado, pues han preferido no dirigirse la palabra, el espacio de 30 detenidos.

Por los nubarrones y los vientos helados que asedian esta mañana los muros de la cárcel, en teoría, solo en teoría, es la hora de sol. Ramiro se entretiene encestando un balón de basquetbol que infló uno de los guardias. "Chano", por el contrario, se queda detrás de la malla contemplando el pueblo. Si hubiera con quién armar un equipo de fútbol, con quién ensayar pases, gambetas, reclama don Ramiro, "hasta gozaría jugando".

Nadie imaginaría que en una prisión de estas broten las refriegas. Pero ocurrió. "Chano" llevaba varios días pidiendo que lo enviaran al hospital. "Como decía que estaba enfermo, nosotros le trajimos un médico. Pero no, él seguía insistiendo que tenían que llevarlo fuera de aquí", recuerda Francy, la guardiana.

En un descuido, la silueta fantasmal de "Chano" apareció empuñando un cuchillo y exigiendo que lo tenían que trasladar al centro médico, en tanto que mostraba una mano cortada, salpicada de sangre. Por su puesto la seguridad del penal supo de sus intenciones y entonces fue desarmado.

En estas frías paredes no existe lo que en otros centros de reclusión llaman el "cacique", porque entre otras cosas no hay quien ejerza el mando y, menos, quien haga caso. "Yo no le paro muchas bolas al señor", es lo que dice Ramiro, entre dientes, refiriéndose discretamente a "Chano".

Mucho menos son frecuentes las revueltas. "A veces 'Chano' comienza a tirar las cosas al suelo y se rebota, porque no le gustó el arroz", acusa Francy, dejando saber que la protesta de una sola persona no configura un motín. "Toca dejarlo allá quietecito más bien", agrega, levantando la ceja hasta donde puede.

Es que cuidar dos presos, bien cuidados, tiene sus costos. El Carmen de Viboral pagó, mediante licitación, casi 90 millones de pesos a la empresa de vigilancia que tiene a cargo a los dos personajes.

El contrato, con una vigencia de ocho meses, contempla servicios como monitoreo (se extrae de procesos licitatorios anteriores) circuito cerrado de televisión, cinco cámaras, central de comunicaciones las 24 horas del día, interruptor de pánico inalámbrico para el guarda de turno. Y así...

Entre servicios públicos, alimentación, seguridad y demás gastos administrativos, esta cárcel se consume 12 millones de pesos mensuales. "A veces sinceramente, señor periodista, los presos comen mejor que uno", se queja Francy.

Sin embargo, el mercado que llega cada ocho días es rigurosamente tasado. Otra cosa es que "Chano", cuando estuvo de cocinero, se comía todas las libras de carne, de un solo envión, el primer día. "El fin de semana ya le tocaba llenar la barriga con puro arroz", agrega la vigilante.

Trasladan a "Chano"
Es por aquello del costo-beneficio que en los mentideros del Parque Principal del pueblo dicen que la cárcel la quieren acabar. Lo que no es cierto del todo. La doctora Beatriz Cecilia explica que el centro de reclusión tuvo en su momento sus 35 huéspedes.

Pero ocurrió que el municipio de Santuario, ubicado a unos cuantos kilómetros, dejó de enviar condenados desde que decidió entregar esa responsabilidad a otra prisión del Instituto Carcelario y Penitenciario (Inpec). Se infiere que resultaba muy costoso para ellos pagar 1 millón 300 mil pesos por interno al mes.

Por la época en la que "Chano" fue un solitario prisionero, la Misa dejó de llegar a domicilio. No porque un hombre solo no mereciera misericordia. Sino porque cada vez que el padre Carlos Julio Giraldo entraba a la cárcel para oficiar la Eucaristía, "Chano" se hacía de rogar y se quedaba roncando en el cambuche. Entonces, quienes terminaban escuchando el sermón eran las animadas viejitas de la Pastoral Penitenciaria y así, dicen fuentes anónimas de la Curia, "no se justificaba".

De hecho, para el día del Guardián, que se conmemoró el 30 de julio, a "Chano" no le pareció importar que ni el mismísimo señor alcalde, el doctor Joaquín Darío Duque, hubiese llegado como invitado. "Imagínese que no quería salir de la celda", dice un guarda.

La idea era que el único preso del pueblo se deleitara con un almuerzo para 20 asistentes, entre los que también estaba el Comandante de Policía. Pero nada. Solo varios minutos después y luego de que cada quien hiciera fuerza desde donde podía, lo lograron convencer.

Mientras se escribía esta historia se supo que "Chano" recibió la boleta de traslado. Por el monto de su condena, y por la clase del delito, no se le permitía que estuviese más tiempo en una prisión de mínima seguridad, que a la vez y, según razona la Secretaria de Gobierno, es una cárcel cinco estrellas. "¡Es que aquí son unos consentidos!".

Hoy "Chano" debe estar paseando su cuerpo enjuto, su mostacho, esas ojeras que le cruzaban profusamente toda la cara, por los pasillos de un centro en el que a lo mejor reina mayor disciplina. Ya no podrá pasar ocho días sin bañarse, como lo lograron sorprender varias veces. Tampoco tendrá sobre el mantel la carnita a la plancha ni las papitas fritas, que tanto le gustaban.