Los más de cinco mil aficionados que fueron ayer a la Plaza de Toros La Macarena a ver a los españoles Víctor Puerto y David Fandila El Fandi, terminaron viendo (y aplaudiendo) al colombiano Juan Solanilla, que a la postre fue el único de los diestros que logró cuajar una faena redonda, que de no ser por una falla a la hora de la espada, le hubiera representado quizás las dos orejas.
Y es que la desidia y la mala tarde de los dos españoles se topó con cuatro ejemplares complicados de Santa Bárbara y de ese matrimonio de desinterés y dificultades, salieron cuatro tristes faenas.
Las ganas y el sitio que mostró Vïctor Puerto hace un año en esta misma plaza, desaparecieron del todo y el de Ciudad Real se vio desangelado, sin sitio, sin justificar el por qué fue contratado de nuevo y mucho menos los generosos dólares que cobra.
Dos faenas en las que no se vio nada, salvo algunos pases desligados en su segundo y una bronca gigante al abandonar la plaza.
Con El Fandi tampoco pasó mayor cosa. Capote y muleta pasaron inéditos (le sucede mucho) y en las tan esperadas banderillas, el resultado fue menor que la expectativa.
Los pares del primero fueron atléticos y quedaron bien puestos en el morrillo del toro. Los del segundo fueron similares y finalizó con uno al violín, emocionante, mas no perfecto. No se vio ese Fandi que gallea elegantemente o que se deja perseguir del toro mostrando esas grandes facultades físicas. Obviamente los toros no le permitieron ese lucimiento que siempre tiene con los palitroques.
Solanilla, ganas y clase
Solanilla nos regaló lo mejor de la tarde en su primero, el tercero del festejo. Tras cuatro hermosas verónicas, rematadas con dos ceñidas chicuelinas, el bogotano llevó el toro al caballo con unas festivas cacerinas, poco vistas en esta plaza en los últimos años.
Con la muleta estuvo suave, sacando varias tandas bien construidas, con naturales y derechazos bien ejecutados y un buen andar en el ruedo.
A las ganas que puso el torero de la tierra, que torea poco, le sumó sitio frente a los astados y buena ejecución de los pases. El muchacho disfrutó y arrancó las mejores ovaciones de la jornada. Lastimosamente pinchó y tras una estocada entera, el toro demoró en doblar y las orejas se perdieron.
En el sexto y el séptimo (regaló el sobrero), estuvo voluntarioso, pero se topó con dos broncos que no pudo dominar, pese a su voluntad. Solanilla es una ilusión de la torería criolla. Tiene clase y ganas y el tiempo lo irá puliendo.
No fue una buena tarde para Santa Bárbara. Solo dos toros se dejaron. Los otros exigían muletas poderosas y dispuestas, que no encontraron en los experimentados españoles. No fue una buena tarde para los asistentes a la plaza. Una corrida que no hace afición.
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