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HISTÓRICO
¿VAMOS AL MATADERO?
  • ¿VAMOS AL MATADERO?
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 21 de mayo de 2014

En cuatro días los colombianos vamos a votar. Entre grandes despliegues de medios, amplias movilizaciones de clientes y nóminas, y la resignada apatía de muchos ciudadanos que, como a mí, solo nos produce arcadas nuestra más reciente contienda electoral; veremos desfilar a los candidatos, con sonrisas postizas dibujadas en la boca y las manos en alto saludando, invitándonos a todos a votar, deseándose con falsedad suerte en la contienda.

Y nosotros, como reses que van al matadero, cabezas gachas y el sudor frío que producen las malas decisiones, marcamos ese tarjetón como quien se desprende de un deber incómodo y poco apreciado; liberándonos de la responsabilidad ciudadana para volver a la adormilada vida política entre cada elección.

Nuestras alternativas oscilan entre la irrelevancia política y tontería sufraguista, hasta las acusaciones penales y la intervención de testigos protegidos. Hacemos malabares entre los que no saben hacer o no quieren hacer política, y los que la confunden con un “todo vale” con consecuencias legales.

Ninguno de nuestros dos principales candidatos ha tenido asco para hacer de esta una de las campañas más sucias de la historia reciente en Colombia. Pero se requiere una clase especial de cinismo -salido de la desesperación, supongo- para meterse en el pantano, revolcarse con gusto y luego intentar hacerse a un lado y decir que no huele maluco.

Tenemos malos políticos, pero eso no es una sorpresa.

Sé que no estoy solo en esta forma de pensar, que son muchos los colombianos que me acompañan en esta orfandad política; esa es la sensación desalentadora que nos convence de que aún falta mucha decencia para que nuestras elecciones sean por lo menos un poco dignas de llamarse parte de una democracia.

Todo esto no es extraño. El escepticismo de los colombianos respecto a su sistema político no es nuevo y más preocupante aun, sigue creciendo. En 2013, de acuerdo con las cifras de la Encuesta de Cultura Política del Dane, 13,4 % de los colombianos pensaba que Colombia no era democrática; la mayoría de estas personas vive en las regiones centrales y están entre los 18 y 25 años.

Por supuesto, no resulta una apuesta arriesgada pensar que estas percepciones han empeorado con los desarrollos de las últimas semanas y el ritmo asfixiante de la campaña a la presidencia. Así, cuando en cuatro días se dirija, con entusiasmo, resignación o furia, a ejercer la frustrante responsabilidad democrática, le deseo que la suerte -que es lo único que nos queda- lo acompañe en su decisión.