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HISTÓRICO
Y EN CORRUPCIÓN, ¿CÓMO NOS VA?
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    Y EN CORRUPCIÓN, ¿CÓMO NOS VA? |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 17 de julio de 2013

La semana pasada Transparencia Internacional presentó los resultados del más grande estudio internacional sobre percepción de la corrupción, de la historia reciente. Sus resultados dan cuenta del panorama de las prácticas ocultas que afectan, en diferentes grados, a todos los países del planeta.

Nos dice el informe que las tres instituciones que los colombianos perciben como más corruptas son: los partidos políticos, el poder legislativo y los servidores públicos. El 22 % de los encuestados han pagado un soborno en el último año, siendo la Policía la institución a la que más pagan sobornos.

La corrupción es un problema gravísimo para la sociedad colombiana porque deslegitima al Estado en su función pública; redirecciona recursos públicos hacia la defensa de intereses privados; aumenta los costos de transacción, en la manera de sobornos, tramitologías y tráfico de influencias; y fomenta el "acostumbramiento" de las personas a actuar ilegalmente.

Las experiencias internacionales han demostrado que la lucha contra la corrupción no es un asunto de castigos ejemplares. En realidad, ha sido bajo una combinación virtuosa de educación en valores y control ciudadano efectivo, que los países más transparentes llegan a serlo.

Sí, como en tantos otros asuntos públicos la solución está en manos de los ciudadanos de a pie y de la capacidad que tengan para reunirse, organizarse y exigir cuentas claras y responsabilidad a sus gobernantes.

Frente a esta realidad, nuestra sociedad debe enfrentarse a la apatía generalizada con los asuntos públicos. Según la Encuesta Mundial de Valores, solo el 6,7 % de los colombianos consideran que la política es importante en la vida.

Pero también hay algunas oportunidades. Según Transparencia Internacional, el 97 % de los encuestados están dispuestos a actuar en contra de la corrupción y el 79 % está de acuerdo en que la gente ordinaria puede ayudar a mejorar la transparencia.

Debemos mejorar los espacios participativos de control ciudadano, como las veedurías ciudadanas, y fomentar las iniciativas que busquen presionar a los políticos en el manejo de los recursos públicos. Atacar los antivalores que promueven la corrupción -las justificaciones sociales de la trampa- también pueden ganarnos un poderoso aliado en la lucha por la transparencia: mejores conciencias.

En efecto, tenemos grandes retos, y aunque debemos exigir a nuestro Gobierno acciones contundentes por la transparencia, es en nuestras manos donde se encuentra la mejor arma para combatir la corrupción.