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Y esos recuerdos de mi Vieja...

LA TIERRA ARRANCÓ de la vida a 13 miembros de la familia García Galeano. La muerte se los llevó, pero sus recuerdos quedaron...

  • Y esos recuerdos de mi Vieja... | Hernán Ríos, Cortesía | Como todo giraba en Calle Vieja en torno a la abuela más querida del barrio, doña Carmen Tulia Galeano, ella fue la homenajeada especial en el Día de la Madre de 2010. Acá la se ve caminando por las calles de La Gabriela al lado de sus hijas también fallecidas, Virgelina (a su izquierda) y Fabiola, atrás.
    Y esos recuerdos de mi Vieja... | Hernán Ríos, Cortesía | Como todo giraba en Calle Vieja en torno a la abuela más querida del barrio, doña Carmen Tulia Galeano, ella fue la homenajeada especial en el Día de la Madre de 2010. Acá la se ve caminando por las calles de La Gabriela al lado de sus hijas también fallecidas, Virgelina (a su izquierda) y Fabiola, atrás.
03 de diciembre de 2011
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Era una abuela linda, tierna, la más dulce del mundo, y la vida de los García Galeano giraba a su alrededor.

El abrazo efusivo y sonriente para cada nieto o bisnieto siempre estuvo ahí, en sus manos que eran alas.

El consejo sabio para la hija en problemas siempre lo supo dar a tiempo y con las palabras justas y precisas. La solidaridad para con el vecino nunca le faltó y en cada centímetro de calle que caminó por La Gabriela, doña Carmen Tulia dejó la huella de un ser piadoso y noble.

Lo dice su yerno, Hernán Ríos, esposo de Dora García, una de las hijas de Carmen que se salvó de morir en la avalancha. Él, que la fotografió mil veces, no ha podido olvidarla. Y la recuerda cada segundo de cada día.

-Quería que yo me quedara con mi esposa y mi hija viviendo con ella, no lo hicimos, pero yo dormía dos veces a la semana en su casa-, recuerda Hernán.

Y trae a la memoria ese jueves 2 de diciembre, tres días antes de la avalancha, cuando en un arrebato, tal vez premonitorio, los echó de la casa, como nunca lo había hecho, sin decirles por qué.

-Nos tocó irnos y eso nos salvó de morir, si no ahí habríamos quedado-, comenta Hernán mientras explica cada foto de los eventos que registró con su cámara en los años en los que disfrutó del amor de esta familia.

Habían llegado allí hacía 40 años. Fueron, sin duda, los fundadores de este territorio poblado por gentes con escaseces materiales, pero plenas de las cosas espirituales, que son las que al final perduran en la vida.

-A nosotros nos decían los costeños, porque nos manteníamos enfiestados. Pero era con cariño, la gente se gozaba todo-, repite Hernán, a quien le ha tocado estar pendiente de su esposa Dora, que perdió a su madre y a otros doce familiares en esta dolorosa tragedia, cosa que no es fácil de llevar a cuestas.

Anda como ida
Dice Yuliana, su hija, que desde esa tragedia su madre no halla sosiego y anda de allá para acá, como si esfumándose pronto de cada lugar le ayudara a espantar recuerdos.

-A ella no le gusta ir a Calle Vieja, la que más va por allá soy yo-, apunta esta jovencita, que se salvó de la muerte porque ese día estaba en el sector de La Cascada, aledaño a Calle Vieja, a donde se fue desde las 11:00 a.m. y no bajó antes del alud porque su amiga Yuri se levantó muy tarde.

-Yo la llamé, pero ella me dijo que seguía dormida, que bajara más tarde... y más tarde fue que todos se murieron, ella también-.

De los García Galeano quedaron bajo la tierra Mauricio Valencia; Yanira García y su hijita Yulieth Cárdenas; doña Carmen Tulia Galeano y sus hijas María Virgelina y Fabiola Inés; Miller Alexánder Gómez García; Paula Andrea Mesa García, hija de Fabiola; Érica Andrea Posada García, que también perdió a su bebé Mariana, de un año; Geraldine García García y Yuri García, hermanas; y don Óscar Jaramillo.

Eran en total 29 y quedaron 16 vivos. Dieciséis que escarban cada día en sus memorias una razón lógica para que se haya desatado semejante tragedia, y aún no la encuentran.

No hallan paz. La furia de la tierra les arrancó de la vida a esa vieja linda que era Carmen Tulia. Y el mundo se derrumbó. Viendo sus fotos uno encuentra la razón para que no llegue el olvido. Es que el amor, cuando es real, nadie lo arranca del alma... ni siquiera la misma tierra, que parece implacable.

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