<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
Y USTED ¿DE QUÉ PARTIDO ES?
  • Y USTED ¿DE QUÉ PARTIDO ES?
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 08 de octubre de 2014

Hace un par de días, mientras daba clase y hablaba sobre facciones políticas en Colombia –más para desahogarme que para ayudar a la cátedra- mis alumnos me arrinconaron con una pregunta tan simple de plantear como difícil de responder: “profe, ¿usted de qué partido es?”

“De ninguno”, respondí con pretendido ingenio, tomando ese lugar común que es la desconfianza en los partidos políticos…, pero no me iba a zafar tan fácil de la cuestión. “Mejor dicho”, se corrigió el estudiante curioso, “¿qué políticos le parecen buenos?”.

-Qué difícil, recordé en ese instante, responder a esa pregunta en Colombia-.
“Soy liberal”, empecé por decir, aclarando inmediatamente: “pero no del partido colombiano, sino de la idea clásica, de reivindicar la libertad individual ante todo y tenerle un poco de escepticismo al Estado y a las mayorías que tanto le gustan a la democracia, aunque también soy demócrata, porque es el único sistema que garantiza segundas oportunidades, el único que permite corregir errores sin utilizar la violencia”.

Pero mis alumnos, insatisfechos, insistían: “pero de los políticos colombianos actuales ¿cuál le gusta más?”.
Y me rasco la cabeza, angustiado. Quiero decir que ninguno, pero eso no es del todo cierto. En un arranque de sinceridad, reconozco: “Soy un nostálgico galanista, un fajardista decepcionado y un uribista enguayabado”.

¿Que cómo pueden convivir esas tres ideas? No estoy seguro, supongo que la política –sobre todo la adscripción a una ideología- es un asunto de estómago, de "tripa". Podemos dedicar toda una vida a desengranar por qué nos gusta uno u otro político, por qué le creemos o le tenemos desconfianza, y la lista de razones es tan extensa que al mismo tiempo es irrelevante.

Primero, porque la vieja política partidista en Colombia –por más que los conservadores y liberales de tradición lo intenten negar- está muerta. En efecto, solo el 3,6 % de los colombianos reconocieron ser “miembros activos” de algún partido político en la última Encuesta Mundial de Valores (2010-2014).

De igual forma, porque el interés en política es esporádico y coyuntural, de indignaciones pasajeras y causas efímeras. De hecho, solo al 9,8 % de los colombianos les parece que la política es “muy importante” en sus vidas en la misma encuesta.
¿Y qué decir de los políticos? La mayoría despierta pasiones a punta de miedo y traiciones; acusaciones y líos jurídicos. De tal forma que navegar con convicción en el actual pantano de la política colombiana se ha vuelto casi imposible, por lo menos, para los que prefieren permanecer limpios.

Por eso –creo- es tan difícil responder a estas preguntas, e incluso con algo de tiempo, las respuestas que vienen a la cabeza están llenas de frustración y de alguna u otra manera, sucias de pantano.