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Zerbino, un ejemplo de temple

EL ACCIDENTE DE LA Selección uruguaya de rugby de 1972 en Los Andes no para de dejar enseñanzas. Gustavo Zerbino, uno de los supervivientes, se dedica a recorrer el mundo contando su gran hazaña. El COLOMBIANO habló con él.

  • Zerbino, un ejemplo de temple | Cortesía | Gustavo Zerbino dictó la conferencia Gestión de la adversidad el pasado 14 de julio durante el Simposio de Comerciantes de Urabá, ofrecido por Fenalco. Abajo, fotos de 1972.
    Zerbino, un ejemplo de temple | Cortesía | Gustavo Zerbino dictó la conferencia Gestión de la adversidad el pasado 14 de julio durante el Simposio de Comerciantes de Urabá, ofrecido por Fenalco. Abajo, fotos de 1972.
19 de julio de 2010
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Gustavo Zerbino es una de las 16 personas que motivaron la producción de la película Viven, y una de las que, luego de sufrir un accidente aéreo en la cordillera de los Andes en 1972, sobrevivió 73 días.

Pero lo más memorable es que hizo de aquella experiencia un motor de vida y un ejemplo para compartir. Hoy, aparte de ser presidente de la Unión de Rugby de Uruguay y de la Industria Farmacéutica Multinacional, se dedica a dictar conferencias sobre dificultades en épocas de crisis. El COLOMBIANO habló en exclusiva con él durante su paso por Colombia la semana pasada.

Gustavo, ¿en qué consisten sus conferencias?
"En mostrar cómo el hombre es capaz de transformar los problemas en oportunidades, en cómo los límites están en la mente y en que para lograr cosas imposibles hay que creer que se puede y sólo hacer lo que haga falta. Este año trabajé con la Selección uruguaya de fútbol que clasificó al Mundial. Les di cuatro conferencias, vos los viste cómo nunca se entregan, cómo lucharon, basándose en la humildad, siempre receptivos y dispuestos a hacer parte de la solución y no del problema.

Los latinos, tanto colombianos como uruguayos y argentinos, tenemos un gran defecto que es un patrón de conducta: vivimos quejándonos permanentemente de todo lo que ocurre y nos convertimos en parte del problema. Entonces tenemos que identificar lo que no funciona para hacerlo de otra manera. Los asistentes a mis charlas pasan por distintas situaciones y ven cómo fracasan y triunfan en la misma situación, solo haciendo las cosas distintas".

¿La experiencia en los Andes le dejó esta vocación?
"Yo tenía 19 años. Era un joven idealista con expectativas y me imaginaba que la vida era de tal manera o de tal otra. Y la cordillera me permitió vivir para identificar que muchas de las cosas que nos dicen no son reales.

Utilizamos el cinco o seis por ciento de nuestro potencial físico, mental y espiritual, porque estamos siempre quejándonos. Es como tener un Ferrari guardado en el garaje. El ser humano, a medida que pasa el tiempo, se acomoda en un estado de confort en el que no hace prácticamente nada; vivimos en una sociedad paternalista que siempre espera que le solucionen todos los problemas. Ese es el mayor problema que hay, el mundo hoy no sufre de una crisis económica mundial, lo que tiene es una crisis moral y de valores.

La cordillera de los Andes fue una experiencia muy fuerte. Tuve que vivir 73 días a 4.200 metros, con mis compañeros; nos abandonaron, nos dieron por muertos y tuvimos que soportar hasta 50 grados bajos cero. Todo eso me hizo ver que es posible hacer muchas cosas cuando hay un objetivo claro en la vida y nuestro objetivo era sobrevivir. No se nos murió absolutamente nadie, excepto quienes fallecieron por las heridas del accidente o sepultados por el alud".

¿Cree que sus enseñanzas están reflejadas en su vida?
"Toda esa experiencia la comparto con la gente, soy una persona que trato de ser feliz, trato de dar mi máximo en todos los grupos humanos que conformo. Jugué diez años en la selección uruguaya de rugby, salí campeón ocho años, campeón de polocrosse , a caballo; campeón de motocrós.

Hay dos maneras de hacer las cosas, bien o mal, cuando las hago mal trato de identificarlas; como Diego Forlán, que fue el mejor jugador de este Mundial. Él vivía a unas cuadras de mi casa, y cuando era chico el papá no lo dejaba patear con la pierna derecha, y con la zurda era malo; hoy patea mejor con la izquierda que con la derecha. Así es que cuando alguien acepta que tiene una limitación, por medio de la repetición puede convertirla en una fortaleza.

Los seres humanos extraordinarios no existen, existen seres humanos ordinarios, comunes y corrientes, que haciendo cosas extraordinarias pueden tener grandes resultados".

¿En sus charlas recuerda momentos del accidente?
"Sí, según el momento y depende de la situación. Los llevo a la montaña y les cuento cómo surgían distintos líderes, las tomas de decisiones. Era líder el que se reía, el que era capaz de rezar el rosario, el que salía bajo la nieve a buscar un cuerpo congelado para darle comida a los amigos... y después de que te congelabas las manos no eras capaz de volverte a calentar. Les hablo del amor, que fue el verdadero motor que nos movió, del trabajo en equipo y de no renunciar al objetivo.

¿Sigue en contacto con los otros 15 supervivientes?
"Vivimos en el barrio Carrasco, de Montevideo, 14 de los 16 supervivientes. Hay uno que vive en Paraguay y otro que vive en Argentina, pero todos hablamos con frecuencia. Comenzamos 16 y hoy somos más de 100. Los hijos van al mismo colegio, vamos al mismo club, nos vemos en casamientos, en algún velorio, nos encontramos para jugar tenis o golf".

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