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Cercanía de Putin y Trump supone un cambio para el orden mundial, pero presiones de republicanos o agendas paralelas podrían dar otro resultado.
“Cualquier cosa que digas de Donald Trump puede ser un profundo error”, advierte el internacionalista Víctor de Currea-Lugo, al tratar de explicar cómo se proyectan las relaciones entre Rusia y Estados Unidos con la presidencia del magnate.
Y es que para él no hay certezas sobre lo que Trump va a hacer ni qué limitaciones tendrá, razón por la que pensar, por ejemplo, que de su relación con Vladimir Putin depende la estabilidad en Medio Oriente o que Moscú y Washington armarán un nuevo bloque con Ankara, son conjeturas.
Lo que sí es cierto es que desde antes de que inicie su mandato, el presidente electo y su homólogo en Rusia han prometido con insistencia un cambio en el clima de la relación entre las dos potencias, valiéndose de las tensiones que tienen con la actual administración de Estados Unidos.
Y es que en sus ocho años de gobierno, Barack Obama tuvo variados encontrones con Putin por violaciones a los derechos en Siria, donde Rusia intervino con vehemencia, y por el incumplimiento...