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Amalia Londoño Duque
Columnista

Amalia Londoño Duque

Publicado el 01 de marzo de 2022

A largo plazo

Bastante daño nos ha hecho el repetir como loros el cuento de que hay que vivir solo el presente y el hoy, cuando la vida en colectivo, la convivencia ideal entre varios, supone otra mirada permanente: la mirada hacia el futuro.

Tanta velocidad ha permitido que veamos estructuras que se levantan en apenas unos meses, cambios en las vías, en las ciudades, túneles y autopistas que en cuestión de meses ya podemos empezar a ver, a usar y que borran inmediatamente cualquier rastro de lo que había antes.

En el mundo que nos tocó, todo lo que se demora es juzgado, si no es desechado antes por la impaciencia.

Y ha sido por ese camino a lo inmediato por lo que hemos dejado atrás las construcciones catedráticas. Los sueños y el pensamiento, más allá de nuestra existencia.

Ya no existen proyecciones sobre lo que seremos y, en cambio, nos desgastamos todos los días apagando incendios que parecen llamados a mostrarnos lo que somos hoy.

En una entrevista, el filósofo de la “aceleración” y de la “resonancia”, Hartmut Rosa, decía: “La alienación es no poder conectar con los lugares y las personas por ir corriendo a toda partes”.

Eso es lo que nos pasa.

Las redes sociales han amplificado mensajes de alerta para que nosotros, después de unos días de indignación, silenciemos todo lo que pasa y lo saquemos de nuestra lista de cosas importantes.

La inmediatez también es nociva.

Nos convierte en personas más solas, más egoístas. Nos impide conocer al otro, nos invita todo el tiempo a discutir sobre lo que nos divide, mientras podríamos estar construyendo espacios donde pudiéramos hablar más sobre lo que nos une.

Arthur Brooks empieza su libro Love your enemies contando el momento en el que Hawk Newsome, representante del movimiento Black Lives Matter, fue invitado a un rally de los grupos radicales de Trump y terminó ganándole a todos. Decía que alguien ese día había gritado: “If we really want to make America great, we do it together!” (si queremos que América sea grande otra vez, ¡hagámoslo juntos!).

Tal vez eso es lo que nos esté haciendo falta ahora, dignidad y carácter para saber trabajar en equipo, para planear entre todos y encontrar puntos en común. Para tener construcciones catedráticas, resistir la hiperaceleración e imaginar cómo podemos hacerlo juntos.

Es un hecho que estamos divididos, es un hecho, además, que este año electoral contribuye a esa división. Y también está claro que en junio una parte de la población quedará satisfecha y otra triste, preocupada, indignada.

¿Qué podemos hacer?

No todas las ideas tienen que ser un contrapoder. Tenemos que encontrar la manera de unirnos para lograr imaginarnos a cincuenta, cien, doscientos años.

Una imaginación activa que nos haga mover, ceder, comprender desde otra perspectiva el lugar que habitamos.

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