<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 30 de noviembre de 2021

Bolígrafo contra email

Por Margaret Renkl

Cuando era una niña pequeña, me encantaba pararme detrás del codo de mi abuela mientras ella escribía notas. Su escritorio era un secreter pequeño, el equivalente mobiliario a una fusión entre una cómoda y una estantería con fachada de cristal. Esculpidas en las esquinas del tablero había un par de criaturas gritando parecidas a gárgolas en bajorrelieve, con sus hoscas barbas hechas con profundas marcas negras.

Yo no era una niña particularmente valiente, pero las caras aterradoras de las gárgolas nunca me preocuparon pese a que me miraban desde arriba. El secreter de mi abuela había sido de mi bisabuela y ahora es mío. A veces miro esas gárgolas, asombrada de que no me dieran pesadillas cuando era niña.

Tal vez nunca las noté por estar arriba de mi cabeza. No me interesaba nada sobre el secreter de Mimi excepto el escritorio oculto detrás de un panel que salía de una repisa encima de los cajones. Me encantaban las cajitas en la parte de atrás donde Mimi mantenía estampillas, clips, grapadora, cinta pegante y algún tipo de cuaderno. Me gustaba el papel de las cartas, y me encantaban los bolígrafos. Un escondite, sólo para escribir!

El lenguaje escrito era un truco de magia. La letra de mi abuela no se parecía en nada a la de mi mamá, ni a la de mi bisabuela, y sin embargo cualquier cosa que escribía cualquiera de ellas podía ser entendida por cualquiera que supiera leer. ¿Había algo más misterioso o profundo? Para una niña enamorada del lenguaje, el secreter era un altar, su compartimento escondido, un tabernáculo.

Un día cuando tenía 12 o 13 años, Mimi me miró desde sus escritos. “Algún día este será tu escritorio,” me dijo. “Eres la escritora de la familia, y algún día esto será tuyo”.

Mi abuela vivió hasta los noventa, así que “algún día” tardó mucho en llegar, y para entonces casi había dejado de escribir cualquier cosa a mano. Hasta poco antes de perder la vista, Mimi escribió fielmente a muchos amigos y familiares, un hábito que seguramente había desarrollado al vivir gran parte de su vida durante un tiempo y en un lugar sin servicio telefónico. Lo contrario fue cierto para mí. En su funeral, tenía un teléfono en mi bolso. Incluso mientras cantábamos “Amazing Grace”, los correos electrónicos sin respuesta se acumulaban.

El correo electrónico es una Hidra que genera nuevos mensajes con cabezas de serpiente en cada respuesta. Responde un mensaje de una persona y una docena de correos electrónicos de respuesta llegan volando. Para cuando el secreter de mi abuela llegó a mi casa, el correo electrónico monopolizaba gran parte del día tanto que quedaba poco para el tipo de escritura reflexiva que implica un escritorio construido solo para la correspondencia.

La rebelión contra la correa que me encadena a mi computadora puede explicar mi resolución de Año Nuevo 2021 de escribir una nota, a mano, todos los días de este año. Este no es el tipo de escritura que puedo hacer a gran velocidad, corrigiéndolo más tarde. Este tipo de escritura requiere una deliberación que pocas otras cosas requieren en mi vida: un pensamiento, una palabra, una oración a la vez.

En ese sentido, las cartas son tanto para mí como para sus destinatarios: un hilo delgado y garabateado que nos conecta a través de los kilómetros, uniendo su dolor con mi dolor, su alegría con mi alegría, su generosidad con mi agradecimiento.

No es que encontrar el tiempo sea fácil. Puede haber sido un error haberme comprometido con un proyecto tan ambicioso durante una pandemia que sigue haciendo casi todo más difícil.

Siempre será un desafío encontrar tiempo para cualquier cosa que importe, pero las notas en sí no son difíciles. Todo ese temor, durante años, siempre postergando y postergando la obligación de una nota de agradecimiento o el deber de una carta de condolencia, ¿por qué perdí tanto tiempo atemorizada?

A medida que se acerca el fin de año, me lleno de gratitud por las personas a las que quiero saludar, las personas a las que espero consolar, las personas a las que debo agradecer. Y todos están a solo un buzón de distancia.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas