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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

Publicado el 29 de mayo de 2019

Cita de amor callada

Los caminos del amor son tan impredecibles como el mismo amor. En ocasiones hombres y mujeres se buscan toda la vida, sin darse cuenta de que desde siempre existe una cita concertada y aplazada.

Con la muerte ocurre una predestinación similar. Aparece en la “Antología de la literatura fantástica” de Borges, Bioy y Silvina Ocampo. Es una historia persa, contada por Jean Cocteau y titulada “El gesto de la muerte”.

Un joven jardinero a quien una mañana la Muerte le hizo un gesto de amenaza, le pide a su príncipe que lo salve. Este le presta caballos para se fugue a Ispahan. Por la tarde el príncipe encara a la Muerte, la cual responde: “no fue un gesto de amenaza sino de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan”.

Quien descrea, no de la casualidad sino de la causalidad escrupulosa, tanto de la muerte como del amor, tome nota de la siguiente noticia internacional aparecida hace tres meses en EL COLOMBIANO, en una pequeña sección llamada “Para no creer”:

El británico Peter Mctaggart mandó al celular de su pareja varios mensajes de texto. En realidad marcó a un teléfono equivocado cuya propietaria Mary, después de leerlos, decidió llamarlo para avisarle del error.

Desde ese momento hubo una conexión entre ellos. Ambos estaban casados, se dieron cuenta de que tenían idénticos problemas maritales lo cual los unió más. Se separaron de sus parejas y decidieron casarse, según le contaron a un diario inglés.

¿Cuántas desdichas, monotonías y pactos de silencio se habrían comido Mary y Peter a lo largo de sus zonas de confort maritales? Sean cuantos sean, el amor esperaba agazapado en los algoritmos de la tecnología de hoy. No era amor lo que los había juntado en matrimonios opacos. O si lo era, su ciclo había concluido. Porque el amor es mudable, como todo recorrido tiene inicio, estaciones, cumbres, valles y puede terminar antes de que los miembros de la pareja fallezcan. También podría permanecer para siempre.

Peter y Mary tenían una cita callada con el amor y la identificaron por un tono de voz, por cierta confidencia. Una llamada despistada los llevó a la pista para remendar sus vidas agriadas. Al jardinero persa la muerte lo citó en Ispahan. A los amantes ingleses el amor los enlazó con un hilo de teléfono sin hilos.

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