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Rafael Nieto Loaiza
Columnista

Rafael Nieto Loaiza

Publicado el 19 de julio de 2022

El disparate de la tributaria

El gobierno de Petro será desordenado, improvisador, ineficiente, despilfarrador, mediocre, corrupto y empobrecedor. Lo fue su alcaldía y es la constante de los gobiernos de izquierda en el continente. Tienen dos problemas congénitos irresolubles: su catadura ética es despreciable y sus propuestas económicas están equivocadas de raíz y, por lo tanto, siempre fracasan.

Más allá, es difícil saber si el Petro que gobernará será el carnívoro, agresivo, radical, antinstitucional y decididamente socialista de sus treinta años de vida pública o el vegetariano, dialogante, respetuoso de las instituciones y moderado del final de la campaña y de después de las elecciones.

En todo caso, si el carnívoro histórico que late en Petro quisiera aflorar, no podría hacerlo por ahora. Los factores de poder se lo impiden. Si bien la elección de contralor será este año, el fiscal termina en febrero del 24 y la procuradora en enero del 25. Más importante, de los magistrados de la Constitucional, uno acaba su período este año, otro en el 23 y cuatro en el 25. Nuestras Fuerzas Militares se han formado en la lucha contra las guerrillas y los otros grupos armados vinculados al narco, han visto caer por las balas asesinas a compañeros de armas, son institucionales y demócratas. Sobornarlos, como han hecho gobiernos extremistas de izquierda en otros países, es mucho más difícil. Y es verdad que Petro tiene amplia mayoría en el Congreso, pero no es menos cierto que esa es una mayoría condicionada. No le votarán cualquier cosa, como una constituyente, por ejemplo, o volver a la reelección presidencial, y, seguramente, moderarán las propuestas que vengan desde el gobierno. Y, vital, Petro sabe que la mitad de los colombianos votaron en su contra.

Por eso Petro necesita plata, tanta como se pueda. Plata para asegurar apoyos políticos. Plata para la corrupción y los apetitos burocráticos de él y sus aliados. Plata para las elecciones del próximo año. Plata para tratar de aplacar la frustración de tantos ciudadanos que tontamente lo votaron, seducidos por los cantos de sirena del demagogo, confiados en las promesas de subsidios y asistencias que no podrá cumplir. Plata para ver si consigue cambiar la ecuación política de un país dividido por mitades.

Pero los 50 billones que pretende son siete veces más que una tributaria usual en Colombia. Y se va a plantear en medio de una crisis logística global, una posible recesión en Estados Unidos y Europa y una altísima inflación en todo el planeta. Los márgenes son muy menores.

La tributaria de Petro, un desatino en circunstancias normales, en las actuales es un disparate que pueda hacerle un daño brutal a la economía y, en especial, a los más pobres y vulnerables 

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