Hasta personas que han solido aplicar la racionalidad ilustrada como forma de vida han caído en la tentación de apasionarse hasta el encarnizamiento y repartir agravios a troche y moche por Facebook y Twitter. Se transforman del mismo modo que se desdoblan ciertos fanáticos del fútbol cuando en el estadio se integran a las manadas de las barras bravas y se despojan de la apariencia de ciudadanos amigables.
“En la política tendrás que vértelas con todos los demonios”, dice un respetado profesor. Esos demonios amenazan con adueñarse de espíritus tranquilos que convierten en sujetos irreconocibles, abominables, como está sucediendo, por tremenda desgracia, en estos días de crispación general.
Sería más optimista sobre el curso que seguirán los acontecimientos...