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Publicado el 05 de diciembre de 2021

Es mucho lo que está en juego

PoSantiago Pérez Moreno

¿Vale la pena preservar -y consolidar- el Grupo Empresarial Antioqueño?

Responder al muy hostil ataque sobre -hasta ahora- Nutresa y Grupo Sura va a tener, indudablemente, un costo económico muy elevado, pues las empresas matrices del conglomerado tendrán que incrementar su “enroque” para evitar que el Sr. Gilinski logre posiciones de control o participaciones lo suficientemente importantes para entrar a participar en la dirección de las compañías. Para ello, tendrán que reorientar recursos, vender activos y endeudarse, con un efecto seguramente negativo en sus balances -y en sus accionistas- a corto plazo.

Adicionalmente, si se conjura el ataque de este señor, se frustrará la bonanza de gasto e inversión que muy posiblemente se daría si miles de accionistas le venden, y que saldrían a comprar otros activos y darse un buen diciembre. Sería mucha la plata que entraría en la economía, sobre todo en la antioqueña. Como las empresas del GEA necesitan comprar mucho menos que el señor para preservar el control, su “defensa” no tendría tanto efecto.

Pareciera que no es bueno responderle al señor. Costoso para las empresas y para los accionistas.

Pero es mucho lo que está en juego.

Está en juego un modelo empresarial que ha demostrado con creces que funciona, tanto en lo económico como en lo social. Las matrices del GEA están entre las más grandes y sólidas de Latinoamérica y entre las más sostenibles del planeta. Su reputación, sus cifras y el índice de sostenibilidad Dow Jones lo atestiguan.

Está en juego la Sociedad Anónima Abierta. La empresa que se debe al mercado, con administradores profesionales y honestos. La empresa con miles de accionistas, muchos de ellos pensionados. Un modelo empresarial escaso en Colombia pero abundante, hasta ahora, en Antioquia.

Están en juego las empresas que el señor logre controlar. Su historia personal demuestra cómo, al menos en el Banco de Colombia anterior a su compra por el BIC, aprovechaba el control en beneficio propio, en detrimento de los accionistas minoritarios del banco.

Está en juego el capitalismo consciente, del cual las empresas del GEA son abanderadas. Volveríamos al mundo en que la única función de las empresas era ganar dinero -aunque ésto tal vez no funcione por lo dicho en el párrafo anterior- y lo social, lo sostenible, era función de las ONGs.

Está en juego el papel activo de las empresas en el desarrollo de su ciudad de origen, como ciudadanos comprometidos, empañado ahora en Medellín por el alcalde de turno.

Es mucho lo que hay en juego.

El GEA, que no existe pero sí existe, debe responder con todas las armas y recursos legales a su alcance. Aunque cueste a corto plazo. Vale la pena. No sólo por imperativos éticos sino porque a mediano y largo plazo va a ser el mejor negocio.

Vale la pena preservar -y consolidar- el GEA. Que no existe pero sí existe.

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