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Arturo Guerrero
Columnista

Arturo Guerrero

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Gorbachov recuerda

Por arturo guerrero

arturoguerreror@gmail.com

Mijaíl Gorbachov tiene 88 años, tiene diabetes, casi no camina, vive solitario en un apartamento en Moscú. A finales del año pasado se presentó en festivales el documental biográfico “Conociendo a Gorbachov”, del director alemán Werner Herzog, el mismo de “Fitzcarraldo” y “Aguirre, la ira de Dios”, el del desorbitado Klaus Kinski.

La larga entrevista, condimentada con material de archivos soviéticos, se vio el sábado pasado en Bogotá, en el Festival de Cine Independiente IndieBo. En la práctica es el testamento del hombre que acabó la Guerra Fría, desnuclearizó la guerra y dio paso al fin del comunismo y de la revolución bolchevique.

Recuerda su infancia de campesino pobre, la noticia de que su padre acababa de morir en la guerra, el anuncio de que esta noticia era falsa, el regreso del soldado. La cámara lo muestra ascendiendo en el escalafón pétreo de los comisarios políticos.

Sus antecesores Brezhnev, Andrópov, Chernenko murieron muy viejos. Los dos últimos subieron al poder viejísimos, parecían muñecos conducidos en andas, tuvieron funerales calcados, en catafalcos rojos que finalmente se hundían para siempre en las murallas del Kremlin. Herzog los demuele con una palabra: ¡Momias!

Algunas personas recordarán el pasmo experimentado por Gabriel García Márquez cuando Gorbachov, de 54 años, fue nombrado Secretario General del Partido Comunista, en 1985: ¡Uno está de verdad viejo cuando el papa o el Primer Secretario del PCUS es más joven que uno! Gabo sabía que el nuevo jerarca era el más joven de la historia.

Herzog no se limita al fasto de la política internacional cuando Gorbachov se daba la mano con los cacaos del globo, Reagan, Tatcher, Bush, Kohl. Tampoco al carisma de su contacto con el pueblo ruso hambreado. Tampoco a las traiciones de los políticos que lo declararon enfermo para sacarlo del ruedo.

No, el director le punza el corazón. Le inquiere por la memoria de su inseparable esposa Raísa, filósofa siberiana fallecida por leucemia veinte años atrás. Hay una larga pausa hasta que la cabeza redonda del biografiado contesta: “cuando ella murió, me quitaron la vida”.

¿Después del preestreno en la capital, podrá Colombia ver en cines comerciales este testimonio crucial del siglo XX? Lucho Parada, director artístico de IndieBo, indica que este festival ofrece sus cintas a los distribuidores nacionales, los cuales tienen en sus manos la decisión.

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