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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 09 de julio de 2015

La doble moral del consumo

Los colombianos consumimos más alcohol que marihuana (incluso, que cualquier otra sustancia sicoactiva) y sin embargo, las campañas de prevención, los informes y estudios discutidos en medios, y la atención inconstante, pero sentenciosa, de la opinión pública se concentra en la segunda, casi olvidando al primero.

Ahora bien, de acuerdo a cifras de la Secretaría de Salud de Medellín, la prevalencia del consumo de marihuana en los estudiantes entre 10 y 14 años en la ciudad es del 5,4%, mientras que la del consumo de alcohol es del 32,2%. Asimismo, en el año 2011, el consumo de alcohol en escolares en Antioquia tuvo una prevalencia del 68,1%, el consumo de tabaco de 28,7% y el de marihuana de 11,3%; todavía más, la edad promedio de inicio de consumo de alcohol en el departamento es de 12,7 años, mientras la de marihuana es de 13,7.

Pero la diferencia en los consumos no es la razón de la hipocresía, sino los efectos del mismo. De acuerdo a cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Colombia tiene una tasa de muerte por accidentes de tránsito causada por consumo de alcohol de 2,1 por 100.000 habitantes, es decir, que aproximadamente unas tres personas mueren a diario en promedio en nuestro país por culpa de la combinación entre alcohol y gasolina.

No solo eso, la relación entre consumo de alcohol y violencia es una constante social. La violencia intrafamiliar, las riñas y los homicidios pasionales aumentan a la par con el consumo de alcohol; la concentración de estos hechos en los fines de semana –sobre todo en la noche del sábado y la madrugada del domingo- son buena muestra de esto.

El alcohol es más dañino para la salud pública que la marihuana, pero sobre todo, es más dañino en términos sociales, produce mayor violencia (intrafamiliar y homicida), afecta la convivencia y genera accidentes de tránsito.

No estoy diciendo que haya que limitar más o –ni mucho menos- prohibir el consumo de alcohol; precisamente es la ironía de que el alcohol, con todos sus daños en la salud personal y en la convivencia, sea tan normalizado, mientras nos apegamos con terquedad al juzgamiento moral del consumo de marihuana.

Tampoco estoy diciendo que el consumo de marihuana sea algo bueno, ni siquiera que sea menos malo que el consumo de alcohol, solo sostengo que hay mucha hipocresía en la manera como entendemos ambos consumos y que esa decisión moral nos está costando mucho en términos sociales y políticos.

Porque esa posición moral es el principal obstáculo para que la producción, venta y consumo de marihuana sea legal en nuestro país. Y al evitar su legalización, nos impide tener mejores acciones de control, regulación y sobre todo, atención a los consumidores que quieran o necesiten de los servicios de salud.

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