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Juan José García Posada
Columnista

Juan José García Posada

Publicado el 14 de enero de 2019

LAS BACTERIAS IRREDUCTIBLES

El espacio está invadido de bacterias. Las peores por los efectos desastrosos que ocasionan en los organismos son aquellas que han adquirido una capacidad tal de resistencia que se vuelven irreductibles. Ha habido siempre susto por la presencia sólo visible en el microscopio, de las bacterias clínicas. Muchos pacientes y visitantes de establecimientos de salud las contraen y mueren por causa de esos temibles microorganismos. No se conocen estadísticas, pero es cierto que el mal está latente y contra él se toman todas las precauciones posibles, a veces sin éxito.

Otras formas de bacteria son las morales y las sociopolíticas. La corrupción y el sectarismo han sido las más destructivas. Su resistencia es formidable y tienen el poder de reproducirse y multiplicarse de modo exponencial. Rebajarlas “a las justas proporciones”, la fórmula de un pragmático expresidente, equivale a convivir con ellas a sabiendas de sus tremendas consecuencias. No desaparecen y en cambio saltan y siguen adueñándose de los cuerpos que someten.

En cierto país incierto pero todavía salvable, la bacteria de la corrupción, enquistada en las organizaciones públicas y privadas, parece incontenible a pesar de la presunta buena intención de la gran mayoría de los ciudadanos y de la conciencia cada vez mayor que se ha desarrollado sobre la destrucción irreparable en la integridad y la calidad de vida. Y otra bacteria, de orden sociopolítico, es el sectarismo, alimentado por el fanatismo, la intransigencia y un odio larvado que se manifiesta en el lenguaje hablado y escrito y en las actitudes frente a las situaciones públicas, así como también en la desestabilización de la vida privada y familiar.

Por supuesto que sin hacer a un lado las bacterias de la corrupción y el sectarismo, acerca de las cuales abunda la literatura científica y popular y hay montañas de diagnósticos y propuestas de solución, en especial deben aumentar la preocupación y las precauciones las bacterias que están desarrollándose en los centros de atención en salud.

Hay registros, en ciudades y pueblos, de varias clínicas que incluso han sido cerradas y reabiertas aunque no han conseguido conjurar la terrible amenaza de contagio, por falta de asepsia, descuido de operarios, desacato de normas elementales de higiene, desaseo en las instalaciones locativas y en el uso de sábanas, negligencia en procedimientos quirúrgicos y conexión de catéteres u otros elementos que no están purificados e inoperancia de comités o grupos creados para mantener vigilancia y acciones implacables. Pero además, puede notarse una extraña inercia en las entidades públicas competentes para recibir información, investigar y hacer valer la capacidad sancionatoria, con la obvia prudencia con que es preciso obrar para evitar el pánico y con la celeridad y eficacia requeridas para salvaguardar la vida humana.

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