Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 15 de enero de 2019

Líderes sociales

Las dos primeras semanas del año iniciaron con siete líderes sociales asesinados. Según la Fiscalía, estos asesinatos, sumados a los 240 que hubo entre 2016 y 2018, dan cuenta de una sistematicidad macabra que busca su exterminio. ¿Qué es lo que pasa? Muy sencillo: los líderes sociales quedaron a merced de las fuerzas oscuras, de las que estrangulan al país hasta la asfixia, pues para los violentos un líder social incomoda tanto que matarlo es la forma de quitárselo de encima. Su bajeza es tal que los equiparan a las cucarachas.

No es un tema para minimizar. Cada líder caído representa una fractura en el frágil tejido social que tenemos y genera una desesperanza inmensa para aquellos que reclaman mínimos como el derecho a la vida. ¡Ey!, estamos hablando de personas necesarias para la construcción del Estado Social de Derecho en la llamada post verdad.

Entonces, en medio de ese panorama de muertes sistemáticas, ¿vale la pena ser líder social en este país? Sí, sí vale la pena. Un líder social es clave para que la equidad y la injusticia no sean el común denominador. Representa en una sola voz la de muchos otros incapaces de hablar por el dolor o el temor que sienten. Un líder es una barrera humana que impide la perversión de las imposiciones, esas que en Colombia se hacen a punta de bala y violencia. Una comunidad sin líderes que se destaquen por alzar la mano, pedir altos en el camino y poner sobre la mesa verdades de a posta para que haya justicia y equidad, es una comunidad fácil de someter.

Hoy llegamos a un punto donde el Estado no tiene excusas para actuar con contundencia. No se trata de mirar con retrovisor para dejar la responsabilidad en gobiernos anteriores o en un acuerdo de paz que los dejó al garete de la debilidad del Estado. Sí, eso pudo haber pasado, es cierto. Pero el tiempo apremia, porque cada vez que cae un líder se resquebraja el futuro del país en el marco del posconflicto.

Tampoco se trata de resolver el tema con escoltas y esquemas de seguridad. Eso sería insostenible. Por el contrario, si se escuchan bien las demandas de los líderes sin el apasionamiento político bipolar que nos rige, habrá más confianza y se entenderá de otra forma lo que buscan. Ojo, eso no es excluyente de tener que arreciar desde las fuerzas armadas contra los oscuros personajes que imponen la ley del gatillo para acallarlos. Se trata de una mezcla de solidez institucional para entender y progresar y la contundencia del control estatal para hacer cumplir la ley y darle orden a un tema que se está volviendo incontrolable.

Simple, hay que cuidar a los líderes sociales, pues cada vez que uno de ellos cae, le estamos poniendo un chulito a la confirmación de que no aprendemos de nuestra historia y no nos importa salir de la barbarie.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 1

    Aplausos y pitos

    $titulo

    GUSTAVO VINASCO

    Médico del Once Caldas. Salvó la vida de un futbolista que quedó muy grave tras un choque con otro jugador.

    $titulo

    OMAR DUARTE

    Delantero del Nacional, atraviesa por un momento fatal y se ha comido decenas de goles cantados.