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Santiago Silva Jaramillo
Columnista

Santiago Silva Jaramillo

Publicado el 18 de junio de 2015

Los responsables de la guerra

La Farc están a la ofensiva, utilizando el terrorismo contra la infraestructura, las emboscadas a la fuerza pública y los ataques a la población civil para, en sus cabezas, demostrar que la mejor alternativa a su violencia es un cese bilateral al fuego. Pero la guerrilla es muy buena en dispararse en su propio pie, las muertes de militares y civiles, la voladura de torres de energía y acueductos, el asesinato cobarde del comandante de distrito de policía de Ipiales y el derrame de petróleo en ríos solo ha logrado unir a los colombianos en el rechazo de las maneras de las Farc y dificultar la posición del Gobierno respecto al proceso en general. En ese escenario, el cese bilateral simplemente ha salido de la mesa.

Pero volvamos a uno de los asuntos particulares de esta ofensiva guerrillera: el derrame de petróleo en Puerto Asís, departamento de Putumayo, donde varios guerrilleros obligaron a unos diecinueve camiones cisterna a vaciar su contenido de al menos doscientos mil galones de crudo, contaminando varios ríos cercanos.

Algunos de los simpatizantes políticos de la guerrilla salieron a hablar del derrame como si fuera la consecuencia de la “guerra” en abstracto, como casualidad, como fuerza de la naturaleza. Una posición que no es extraña a los jefes de las Farc -incluso sus negociadores- que han hecho esfuerzos importantes durante la negociación por diluir las responsabilidades propias en una piscina de culpabilidades colectivas o de distraerlas al señalar al Estado.

Y esto desconoce que la guerra en Colombia ha sido guiada y liderada por señores de la guerra, guerrilleros, paras, narcos y políticos, que sus consecuencias tienen responsables. De igual forma, la preocupación de la guerrilla y algunos otros actores del conflicto de escapar de sus responsabilidades no cae bien en el momento en que se anuncia la creación de una Comisión de la Verdad que debería, una vez alcanzado un acuerdo en La Habana, construir una versión de reconciliación, sobre todo, en la periferia colombiana.

La violencia, la destrucción y el saqueo no son “desastres naturales”, no son algo “que dé la tierra”, han sido agenciados por cada uno de los grupos involucrados y las responsabilidades pueden rastrearse. No solo eso, han implicado la decisión -casi determinación- de matar, robar y destruir, y no pueden verse como hechos aislados o respuestas espontáneas.

El azar no es el culpable de la violencia.

La guerra no era inevitable y nadie -a excepción de los colombianos que la hemos sufrido y los combatientes reclutados forzosamente- estuvo obligado a pelearla. Fue solo una excusa para ganar poder, para ocupar cargos deseados, para ganar el reconocimiento que algunos percibían negado, para llenarse los bolsillos con plata de la coca y el robo de tierras.

Por eso, continuar con la guerra, o dejar de pelearla, solo necesita de la voluntad de sus responsables.

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