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Óscar Domínguez
Columnista

Óscar Domínguez

Publicado el 26 de diciembre de 2019

Los tres del solar

A mis personajes del 2019 los tengo en la punta de las falanges. El primero es Nairo Quintana, boyacense. Elegante en el triunfo, zen en la derrota. No se le oyen frases disonantes en tiempos de vacas flacas.

Agradeció a quienes lo ayudaron a crecer. El agradecimiento enaltece ante todo a quien lo da, dice el caballero de la triste figura. Nairo sabe que hinchas y patrocinadores solo aceptan triunfos. Dentro de su lacónica y espléndida sencillez tiene claro que el segundo es el primero de los derrotados.

A nadie le niega una sonrisa. El egoísmo no es su fuerte, comparte lo que sabe. Las palabras le salen como con ganzúa. Como al Padrenuestro, no le sobran ni le faltan palabras cuando habla. Nada de tirar la toalla. Le faltan kilómetros por recorrer.

El segundo del solar es una fiesta. Rigoberto Urán es todos los domingos del año. Cualquiera ve su desgarbada figura y suelta la carcajada. Hizo del madrazo una de las bellas artes. Su famoso “mijo” podría ser declarada palabra del año al lado de “cacerolazo”.

De su calidad como ciclista puede dar fe hasta el rey de Roma. Se siente tan bien pedaleando en Urrao como en Europa. Sus colegas del pelotón mundial le marchan a sus propuestas. Menudo relacionista púbico se consiguió el país.

Debería cobrar por oírlo decir palabrotas. De hecho, cobra como conferencista. Disfruta de su arduo oficio. Pagaría para que le permitan devorar kilómetros. “No me se gané el Tour pero me ganó a un país”, sostuvo Rigo.

Mima sus heridas como condecoraciones de guerra. Lo dijo a raíz del accidente que sufrió en la vuelta a España donde estuvo a punto de hacer efectivo el seguro exequial.

Egan Bernal es el tercero del solar nativo. Podría ser el primero. Al ganar el Tour de Francia se alzó con el santo y la limosna. Lleva ese triunfo a cuestas pero tiene más futuro que pasado y presente juntos.

Es del país de la sal, Zipaquirá, la tierra donde García Márquez inició su travesía literaria. Generoso, les reconoció a Nairo y antecesores sus aportes al ciclismo. En la rueda de prensa más larga del año, en su terruño, proclamó que la carretera pone a los ciclistas en su sitio a la hora de definir liderazgos.

Cero lagarterías. No se dejó afrijolar la Cruz de Boyacá. Prefirió celebrar con su entorno municipal. Nada de supermodelos para presentarlo ante su gente. Se decidió por Héctor Urrego, el caballero que ha pelado cocos con la uña en carreras locales e internacionales.

A cualquiera le ofrecen visita a Palacio, desfile en carro de bomberos y se le abre la tarraya. El hombre de nariz quevedesca rechazó el bombo oficial y regresó al oficio que le gusta más que quebrantar el sexto mandamiento: hacer el amor con la bicicleta.

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