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Juan David Escobar Valencia
Columnista

Juan David Escobar Valencia

Publicado el 12 de agosto de 2019

Nada te cambia más la vida que morirte

“Lo único que quiero para mi entierro es no ser enterrado vivo”. IV.º Conde de Chesterfield.

Uno supone que el Conde de Chesterfield se refería específicamente al momento final de la existencia en la que uno espera que la línea fronteriza de tiempo que separa la vida y la muerte sea clara y categórica. Pero lo realmente terrible sería que esa línea, más que borrosa, no fuese delgada y rápida y en cambio el lapso entre estar vivo o muerto se extienda tanto que termine ocupando gran parte del tiempo de estar vivo. Una línea más ancha que larga no es línea y una muerte en vida es más lo primero que lo segundo.

La vida del Conde no siempre fue feliz. La muerte de su único hijo posiblemente le hizo sentirse muerto en vida más tiempo que en sus últimas horas del 24 de marzo de 1773. Tal vez eso explica su comentario al final de su vida: “Tyrawley, (el Barón), y yo hemos estado muertos estos dos años, pero no hemos querido darnos cuenta de ello”.

Hace unos días conversaba con uno de mis amigos sobre la necesidad de comprender que ya no estamos en edad de aplazar nada. Tampoco es que yo ya esté usando formol de desodorante, pero es que cuando ves cómo tus amigos dejan este mundo antes que sus hijos o algunos de tus estudiantes enfermos de cáncer, asisten valientemente a clase en medio de los trastornos de la quimioterapia, uno tiene que reconocer que la única garantía que tenemos es la de irnos.

¿Si no empiezas a hacer lo que te dé la gana, entonces para cuándo lo vas a dejar?

Y no me refiero a abandonar todo, entregarse a los vicios o a la idiota idea que vivir es probar de todo. ¡No! Pero si usted tiene una edad similar a la mía, ¿hasta cuándo va a seguir aplazando el viaje a las pirámides de Egipto que siempre soñó? Como dice mi mamá; ¿cuando la maleta de los medicamentos pese más que la de la ropa?

No estoy insinuando que deje sin educación a sus hijos ¡pero carajo!, si los puede dejar un poco mejor que como lo dejaron a usted, eso ya es suficiente ganancia para ellos. ¿Cuándo va a viajar nuevamente con su esposa, que por algo se casó con ella, y que cuando sus hijos se vayan, tal vez y solo tal vez, será la única persona que estará con usted?

No estoy diciendo que se chirree la pensión ni los ahorros, pero ¿va a seguir guardando plata para que le compren un ataúd último modelo cuando estire la pata?

Tampoco que se dedique a decir cuanto se le ocurra, pero: ¿Cuándo va a decir sin miedo: “¿sabés qué? nunca me caíste bien y no te necesito cerca”; o abrazar a quien quisiste y por temor o estupidez nunca se lo dijiste?.

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