The New York Times
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Publicado el 07 de enero de 2019

Por qué los republicanos deberían apoyar la inmigración

Por JORDAN BRUNEAU

redaccion@elcolombiano.com.co

El presidente Donald Trump parece pensar que su postura de inmigración de línea dura es un ganador político y dice que está dispuesto a mantener gran parte del cierre del gobierno para obtener fondos para su muro fronterizo. Las encuestas sugieren que los votantes no lo ven igual a Trump y lo culpan, no a los demócratas, por el punto muerto. Con los demócratas tomando el control de la Cámara de Representantes el 3 de enero, ahora tiene la excusa que necesita para hacer un trato.

Pero si no hace compromiso, y en cambio sigue tratando de transformar a su partido que una vez orgullosamente era procrecimiento en el partido antiinmigración, él amenazará a los prospectos republicanos por una generación.

Las elecciones de mitad de término en noviembre ofrecieron una clara indicación de que las posturas estridentes de Trump en cuanto a la inmigración no fueron ampliamente populares. Ignorando las solicitudes de los republicanos, el presidente convirtió a las elecciones en un referendo sobre el asunto, prometiendo ponerle fin al derecho a la ciudadanía por nacimiento, enviando a las fuerzas militares para dar manejo a una caravana de inmigrantes en busca de asilo y abogando por una legislación marginal para reducir a la mitad la inmigración legal.

Los republicanos de la Cámara pagaron un alto precio por la estrategia de Trump. Perdieron 40 escaños, la mayoría en distritos suburbanos, muchos de los cuales eran bastiones republicanos de larga data cuyos votantes más jóvenes, moderados, con educación universitaria y mujeres salieron a favor de los demócratas. En el condado de Orange, cada vez más asiático-estadounidense, que votó por Hillary Clinton en 2016, la primera vez que se convirtió en demócrata desde que Franklin Roosevelt fue presidente, los republicanos perdieron cuatro escaños en la Cámara. También perdieron elecciones suburbanas en áreas tradicionalmente republicanas en las afueras de Dallas.

Estos resultados sugieren que Trump podría estarle haciendo al partido republicano nacional lo que Pete Wilson le hizo al partido en California en la década de los 90.

Por difícil de creer que sea hoy, California, en un entonces votó confiablemente por republicanos en las elecciones presidenciales. Aparte de Lyndon Johnson, ningún candidato presidencial demócrata ganó el Golden State en las cuatro décadas entre Harry Truman y Bill Clinton. Ahora, los demócratas controlan todo el gobierno estatal y ocupan 46 de sus 53 escaños en la Cámara de Representantes y ambos escaños en el Senado.

¿Que pasó? Wilson, entonces gobernador, fue tras inmigrantes, defendiendo la Proposición 187, una iniciativa de la boleta electoral de 1994 que prohibía que los niños inmigrantes ilegales asistieran a escuelas públicas y usaran otros servicios sociales. Aunque la medida pasó después de una pelea contenciosa, fue una victoria vacía. Se otorgó una orden judicial tres días después de la aprobación, y la medida finalmente se consideró inconstitucional.

Varios estudios han encontrado que el apoyo republicano de la Proposición 187 y otros esfuerzos contra los inmigrantes alejaron a los votantes blancos y latinos en California del Partido Republicano. Uno de estos estudios, publicado en The American Journal of Political Science, señala que la Proposición 187 en realidad revirtió la tendencia de los latinos que apoyan cada vez más a los republicanos, y que “no compensa con la ganancia de partidarios de otros grupos, especialmente los blancos no hispanos”. Los autores concluyeron que los “resultados plantean serias dudas sobre la eficacia a largo plazo de las estrategias de división racial para obtener ganancias electorales”. Este estudio debe ser una lectura obligatoria para los republicanos de Trump.

La porción hispana de la población de los Estados Unidos hoy en día es similar a la de California a principios de los años noventa. Alrededor del 20 % del país es hispano; en 1990, el 26 % de la población de California lo era. No tiene que ser un mago político para comprender que alienar a los crecientes bloques de votantes, no solo a los latinos, sino también a otros inmigrantes y jóvenes, es una mala estrategia política.

Si los republicanos nacionales quieren evitar el destino de sus hermanos de California en la década de 1990, deben rechazar el enfoque de Trump y presentar un caso republicano de inmigración. Los republicanos prominentes que han criticado la división de Trump, como el senador entrante de Utah, Mitt Romney, deberían asumir este manto.

Los republicanos deben hacer causa común con los inmigrantes sobre valores compartidos como la ética del trabajo, la familia y la fe, en lugar de descartarlos. A juzgar por la retórica de cierre de Trump, les queda mucho trabajo por hacer.

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